Domingo 5 de Julio de 2020

Política

Todo lo que tenés que saber sobre la vuelta a las clases

Miércoles 1 de Julio de 2020
© Cenital

La pregunta no es tanto el cuándo sino el cómo.

Padres y madres de la Argentina consultan con insistencia cuándo podrán sus hijos volver a cursar el ciclo lectivo en las aulas. Una primera respuesta podría ser que esto ocurrirá en agosto o septiembre, según la provincia y su tasa de contagios. Lo que el gobierno nacional se pregunta, más allá de la fecha, es cómo enmarcar ese regreso a clases en la “nueva normalidad”, de qué modo adaptar los hábitos en las escuelas a los cuidados que demanda la pandemia de coronavirus.

Tres meses después de que el Poder Ejecutivo nacional decidiera suspender las clases presenciales en todo el territorio, especialistas en niñez, médicos, funcionarios y gremios docentes mantienen reuniones para definir cómo será la vuelta al colegio de los alumnos y las alumnas del país.

El anuncio que hizo el domingo 15 de marzo el presidente Alberto Fernández sobre la suspensión del dictado de clases presenciales para educación inicial, primaria y secundaria de todas las escuelas fue una de las primeras decisiones oficiales que prepararon a la población para el aislamiento que se venía. Había dos muertos por Covid-19 en la Argentina y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se habían modificado; se concluyó que los chicos no corrían demasiados riesgos de transitar la enfermedad de un modo distinto a cualquier gripe, incluso de forma asintomática, pero podían ser importantes focos de contagio y eso haría que el virus se propagara rápido en las provincias donde había casos. Desde entonces, Fernández repitió en varias entrevistas que "el regreso a clases puede esperar” y que "nadie sufrió por recibirse un año antes o un año después”.

Fue recién en la primera conferencia de junio, aquella en la que el Presidente informó sobre una nueva extensión de la cuarentena en las áreas con circulación comunitaria del virus, que empezó a mostrarse contemplativo con una vuelta a clases para el resto del país. “Estamos viendo la apertura en escuelas rurales porque el riesgo es mínimo. Estamos viendo en algunas provincias que dicen que pueden hacerlo. Tenemos propuestas de varias provincias y lo estamos analizando. Si el protocolo es bueno, por supuesto lo vamos a hacer”, dijo después en una entrevista al periodista Marcelo Bonelli.

La Argentina tiene más de 10 millones de estudiantes y casi 900 mil docentes en los niveles inicial, primario y secundario. Más del 90 por ciento de los alumnos del país vieron afectadas sus clases presenciales en este 2020.

Aunque algunas escuelas rurales podrían arrancar antes, el plan apunta a agosto, después de las vacaciones de invierno, para que haya tiempo de organizarlo y, sobre todo, para que pasen los días más fríos, que predisponen a las habituales enfermedades respiratorias, con síntomas similares a los de coronavirus.

“Hay dos elementos que definen la posibilidad de regreso a las aulas. Por un lado, el nivel de circulación del virus, que en casi todo el país el distinto al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), y por otro, los protocolos que permitan el distanciamiento social dentro de las escuelas y accionar frente a un caso positivo de Covid-19”, le dice a Cenital el ministro de Educación nacional Nicolás Trotta. Y amplía: “El proceso de construcción de esos protocolos debe ser de diálogo y consenso, como herramienta para derribar los miedos lógicos que tiene la sociedad ante la vuelta a la escuela. Por eso hemos dialogado con gobernadores, sindicatos, ministros, ministras y familias. Vemos que después de agosto puede haber un regreso masivo en casi todo el país, salvo regiones como Ciudad y Provincia de Buenos Aires que, si sostienen este nivel de contagios, es difícil proyectar el regreso para esa fecha”.

Las autoridades nacionales ya avisaron que las primeras provincias que volverán a las clases presenciales son las que no presenten circulación comunitaria, dado que esta no permite establecer pautas de por dónde viene cada contagio (contacto estrecho, viaje o personal de la salud); el otro requisito es que tenga pocos o cero casos. La propuesta para el regreso debe surgir de las gobernaciones.

Las provincias que empezaron a pedir autorización para el protocolo de reapertura fueron Jujuy -5 casos en total-, San Juan -6 casos-, Formosa -su primer caso fue en junio, - y Catamarca, que no tuvo ningún contagio registrado en toda la pandemia. En Córdoba, ya se informó que vuelven en agosto y que las primeras medidas incluirán menos alumnos por aula, tapabocas en clase para estudiantes de secundario y tapabocas al salir de clase para los de primario.

Hay una única institución educativa que nunca dejó de tener clases presenciales pero es un caso especial: la provincial N° 38 de Tierra del Fuego, en la Base Esperanza, Antártida. En ese lugar viven solo 65 personas y la escuela tiene 14 alumnos.

En la Ciudad de Buenos Aires presentaron un plan con el modelo que proponen científicos israelíes: la regla “4-10”. Son ciclos de actividades de 14 días en los que cualquiera puede salir cuatro días y luego guardarse los siguientes diez. La propuesta porteña es algo parecida, aunque sería una semana (o cuatro días) de asistencia a clases, y las dos siguientes, no, con rotación del alumnado.

No se discute que el regreso en el país será escalonado pero sí hay debate respecto de las prioridades. La primera discusión es si una buena forma de lograr el distanciamiento sería con la presencia de la mitad del aula, es decir, que asista al menos la mitad de los chicos del curso y que esa mitad vaya rotando, de manera que cada alumno tenga clases presenciales dos o tres veces por semanas.

No habría compañero de banco, en principio hasta que se descubra la vacuna contra el coronavirus. Se estudia la capacidad de cada establecimiento para esos cambios y el trabajo que deberán hacer los docentes para replicar sus clases. Allí el debate lo plantean padres y madres que trabajan fuera del hogar y se preguntan cómo armar un esquema de cuidado de sus hijos los días que no van a clases. Por eso el ministerio estudia un permiso o licencia laboral para esos progenitores en días predeterminados, como la actual resolución del Ministerio de Trabajo que permite la inasistencia justificada del adulto a cargo mientras exista la suspensión en las aulas. Hay quienes proponen asistencia optativa pero la discusión no está cerrada.

Otro de los asuntos en los que se trabaja es que no haya nunca cruces de grupos y que los distintos grados ingresen en diferentes horarios, para que no haya amontonamiento ni viajen todos juntos en transporte público. Además, debe haber desinfección en las aulas y elementos de higiene en los baños.

También se discuten las actividades del recreo y si el mejor plan es un retorno segmentado por niveles. El ministro Trotta tomó como referencia algunas experiencias europeas y planteó la importancia de privilegiar a alumnos que estén terminando ciclos (sexto y séptimo grado, quinto y sexto año) y a quienes se encuentren en los primeros tramos de la alfabetización, que son los de primero y segundo grado. Los docentes nucleados en el gremio Ctera (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina) consultaron con especialistas y aseguran que los más chicos no deben regresar al aula. “A partir de lo que nos aconsejan nuestros asesores médicos e infectólogos, nosotros descartamos la primera infancia porque es muy difícil que a un niño pequeño lo puedas obligar a estar quieto y sin contacto. Los pequeños de nivel inicial o del primer ciclo de primaria se abrazan, comparten la cartuchera, es distinto a lo que pasa con un alumno de sexto grado”, adelanta Sonia Alesso, secretaria general del sindicato. Desde el ministerio dicen que se está trabajando en el tema, aún sin definiciones, mientras los chicos y las chicas, si pueden, trabajan desde casa con material específico, elaborado en plena pandemia.


En marzo, un día después del anuncio de la suspensión de clases presenciales, se presentó el programa Seguimos Educando, coordinado por el ministerio, destinado a sumar recursos para que los alumnos puedan estudiar en casa, partiendo de la premisa que indica que nada reemplaza la experiencia en las aulas. El plan consiste en un sistema multiplataforma, que incluye una web de navegación gratuita con material de autoaprendizaje y programación radial y audiovisual en canales y frecuencias de la órbita de la Secretaría de Medios y Comunicación Pública (Televisión Pública, Encuentro, Paka Paka, DeporTV, Radio Nacional y Cont.ar, con repetidoras en todo el país).

El problema de este plan es la brecha digital. Para comunidades educativas sin acceso a internet o a un celular, se sumó la producción y distribución de material impreso. Saben en el ministerio que unos de los desafíos a la hora del regreso va a ser revertir la disminución que habrá en la matrícula, sobre todo de adolescentes. Creen que esa deserción será inevitable pero que pueden trabajar para que luego se modifique.

El cierre parcial o total de los centros educativos a nivel mundial dejó sin clases presenciales a más de 1.600 millones de niños y jóvenes en al menos 188 países, según las estimaciones de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Las políticas que se tomaron en cada país ante la pandemia, sumado a las distintas estaciones climáticas en las que el virus entró a cada territorio, complican la posibilidad de hacer comparaciones, pero hay algunos factores que pueden considerarse y hasta replicarse.

El lavado de manos al ingresar a los establecimientos educativos es una práctica que se adoptó en Dinamarca -el primer Estado europeo en volver a clase presencial-, China, Japón, Burkina Faso, Vietnam y escuelas rurales de Uruguay. Como sucede en algunos edificios laborales que volvieron a funcionar, a los alumnos de China, Japón y Vietnam les toman la temperatura al llegar. En Uruguay y en Israel, la medida es que los padres firmen un formulario médico sobre la salud de sus hijos.

En Francia, poco después de su reapertura, hubo que cerrar de nuevo 70 escuelas de primaria de un total de 40 mil por la detección de casos de coronavirus. El ministro de Educación francés, Jean-Michel Blanquer, consideró que era "un porcentaje muy bajo". En Argentina preferirían evitarlo.

El parate laboral que implica la pandemia en varios rubros derivó en un nivel muy alto de morosidad del pago de cuotas de colegios privados. Algunas escuelas optaron por disminuir cerca de un 20% la cuota mensual.

Para el plan de asistencia de pago de salarios que ofrece el gobierno nacional (ATP), se presentaron cerca de 3.600 centros educativos. Autoridades de la Asociación de Instituto de Enseñanza Privada de Buenos Aires (Aiepba) aseguran que ya hubo instituciones que resolvieron su cierre definitivo, no sólo en el AMBA: también en Entre Ríos, Chaco y Santa Fe.

La Ciudad de Buenos Aires es el distrito más afectado porque es el que tiene más casos, junto a la Provincia, y también el de mayor porcentaje de escuelas privadas (56%). En todo el país, los establecimientos privados representan el 28%. Desde el gobierno nacional, no saben si se dará una migración contundente del sistema privado al público pero aseguran que el sistema estará preparado.

El método de evaluación para alumnos de primaria y secundaria se fue acordando en cada provincia a medida que avanzaba la pandemia. Donde se complicó fue en el terreno de las universidades. Hay profesores que se resisten a dar clases virtuales, otros que disfrutan de la novedad, y otros que se resignan ante lo inevitable del contexto, pero en todos los casos hubo que plantearse de qué modo tomar examen.

Todavía no se sabe cuándo podrán regresar las clases presenciales en universidades. Lo que se sabe es que hay una comisión del Ministerio de Educación nacional que trabaja en formas de evaluación universitaria, para que esa instancia sí sea presencial pero se respete el distanciamiento social. Los planteos le corresponden a cada provincia.

Docentes de todos los niveles aprenden sobre la marcha a dar clases virtuales y concluyen que no es educación a distancia, sino educación en emergencia. Por eso le ponen el cuerpo muchas horas más de lo habitual y sin reclamos colectivos, al menos por el momento.

Son varios los gremios de la educación que les hicieron saber sus preocupaciones a las autoridades del ministerio. Ahí incluyeron que los trabajadores se están haciendo cargo de los gastos de la conectividad a internet, de contar con una computadora que soporte ese nivel de trabajo, de estar a toda hora para contestar consultas de los chicos, y también de crear espacios especiales para contener cuanto se pueda el ánimo de sus alumnos. Según una encuesta de UNICEF del mes de abril, el 22,5% de los chicos dijo estar asustado; el 5,7%, angustiado; y 6,3%, deprimido.

Es difícil evaluar cómo puede terminar un período que no tiene precedentes. Mientras tanto, docentes, funcionarios, padres, madres, tutores o encargados buscan la vuelta para paliar las consecuencias de la interrupción del dictado presencial de clases por un virus que afecta a todos, pero a algunos los complica todavía más.


Fuente: Cenital