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¿Para quién juego yo entonces?

"La obra se apoya en dos actores dignos de la juventud, con mucha energía y convencimiento", destaca Balderrama.
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Play, de Federico Balderrama, pone el ludismo en el centro espiritual de cómo ser joven

Viernes 11 de Enero de 2019

(Desde Mar del Plata) Para que Federico Balderrama llegue a dirigir la intrigante obra independiente Play este verano en la Costa Atlántica, fueron indispensables muchas cosas previas. No sólo un largo proceso de aprendizaje y actuación teatral: fue necesario también que se rompiera el tobillo dos veces y así viera frustrada su ascendente carrera en el rubgy marplatense. Con los sueños de guinda truncos y un título de profesor de Educación Física que no podía ejercer en plenitud, Federico tomó la bronca como una inercia positiva para zambullirse en el mundo del teatro como quien busca refresco y vértigo entre las olas impredecibles del mar argentino. Y ahí, sí: un camino acelerado que lo llevó a tomar cursos y talleres, dar los propios, ponerles el cuerpo a obras ajenas y creaciones propias (como La mirada Otelo, que lo tuvo girando por el país) y ver coronado tamaño esfuerzo con el premio Estrella de Mar 2014 por su actuación en Muerte accidental de un anarquista.

Play se linkea en cierto punto con La bestia enjaulada, su obra anterior. “Era la historia de un tipo encerrado por disidente, pero que era obligado a hacer sus gracias”, cuenta Federico. La idea de un destino torcido por imposiciones ajenas, de la misión moral del ser humano y el carácter lúdico que esta encierra se depura en Play, que tiene funciones los martes de enero y febrero a las 21.30 en el Colectivo Cultural A la Vuelta de la Esquina, una sala marplatense donde resiste el teatro independiente frente a la oferta que las marquesinas del centro escupen cada temporada.

La puesta se concentra en un joven dúo actoral de Mar del Plata compuesto por Nahuel Porto Navarro, de 23 años, y Thomas Lacerenza, de 22, quienes representan a dos personas, U y O (es decir, Uno y Otro). “Ambos dialogan de manera absurda acerca de la necesidad de jugar y de para qué y para quién hacerlo, antes de lanzarse al espacio escénico. Ahí, estos personajes transmutan en diferentes presencias que contarán cuatro historias, las cuales los ponen a debatir sobre los límites entre lo real y lo aparente, la realidad y la ficción, y cómo resolver la encrucijada”, explica Balderrama, quien además de encargarse de la dramaturgia también ejecuta música en vivo.

Más allá de apuntar a que la obra “alude a lo absurdo de la condición humana”, Federico reconoce también que la idea de valerse del ludismo como soporte refiere “al hecho de que generalmente jugamos juegos cuyas reglas no escribimos ni nos pertenecen, con lo cual se abre la pregunta de si, en el fondo, siempre terminamos perdiendo”. Para el joven actor y dramaturgo hay además otras preguntas: “¿Cuál es el límite entre lo real y lo ficticio? ¿Cómo encontrar el equilibrio para que las cosas sean más dinámicas, llevaderas y lindas?”. La idea no es tanto que los actores resuelvan ese dilema sino que sea el público quien se sienta conminado a hallar una respuesta que, por otro lado, convive con nosotros en cada acción de nuestras vidas.

Más allá de todas las intenciones que un dramaturgo cobija para sus obras (emocionar, abrir cabezas, mostrar una perspectiva diferente de las cosas), Balderrama se impuso como condición primaria que la suya sea “ante todo, una puesta joven”. ¿Cómo lograrlo? “Por empezar, apoyándome en dos actores que sean dignos exponentes de la juventud a la que pertenecen: es decir, que tengan mucha energía y estén convencidos de lo que hacen. Esa es la forma de que el espectáculo tenga golpe y empuje a la acción.”

El cometido se articula con un guión que busca la risa no como camino al goce bobo sino para “en el fondo, criticarnos como sociedad, nuestros costados, las clases y los escalafones”. Algo en lo que indudablemente colabora el entorno donde se pone en escena: “El Colectivo Cultural a la Vuelta de la Esquina es el lugar ideal para estas cosas, ya que además funciona como trinchera de un montón de cursos, talleres y nuevas formas de enseñar teatro. En definitiva, es un espacio que nos emociona porque nos permite creer que es posible agitar desde lugares alternativos a los establecidos”.

Play va los martes de enero y febrero a las 21.30 en el Colectivo Cultural A la Vuelta de la Esquina, Alberti 3723, Mar del Plata.



Fuente: Página12
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