Martes 20 de Agosto de 2019

Espectáculos

Volvió el grupo La Zaranda

Miércoles 22 de Mayo de 2019
La extinta poética, de La Zaranda
© La Nación

La extinta poética, de La Zaranda

MADRID.- A veces zarandean y otras tantas azotan al espectador. La intensidad es su marca registrada. En el corazón de Madrid, cuando ya se empieza a sentir el calor del verano, Eusebio Calonge y Paco Sánchez beben una copa antes del ensayo en el Teatro Español donde se estrenará en breve su nueva obra. Juntos integran un motor de prestigio internacional. Son un matrimonio poético, una pareja donde el diálogo y la pasión no se apagan. Su nombre esLa Zaranda y su apellido Teatro Inestable de Andalucía la Baja. El autor y el director, respectivamente, de la vital compañía son los arquitectos de una creación que, sin lugar a dudas, será estudiada el siglo próximo y el siguiente también. Despojados de toda intelectualidad y bañados en una profunda humanidad, emanan empatía. Estos dos hombres sensibles, demasiado sensibles, una virtud que se evapora, crearon en 2016, con un elenco diferente al que venían trabajando las décadas anteriores, una obra que se presentará en Buenos Aires: La extinta poética.

"Cuando las puertas del teatro se abren para ver a La Zaranda, no se le pregunta a nadie ni la edad ni la ideología", dice Paco Sánchez, quien prefiere darse a conocer en el mundo y en el programa de mano como "Paco de La Zaranda". La extinta poética es la historia de una familia, un matrimonio y sus dos hijas, que ahuyentan el dolor con pastillas. Los personajes se presentan a sí mismo con sus historias clínicas. "Si se habla de una familia desestructurada, se habla solo de una parte del argumento y no de la parte honda. Combatimos la vida con pastillas. Evitamos así el conflicto. Hay un personaje que busca la belleza, un tetrapléjico que no entra en comunicación con los demás. Para mí son personajes muy entrañables, con una gran tragedia que arrastran, como casi todo el mundo", explica Calonge.

Esta compañía de teatro con acento andaluz, de Jerez, más precisamente, sigue desde hace 41 años por la senda de una expresión tan original como desgarradora, en la línea de Samuel Beckett, Ramón del Valle Inclán, y a su vez propia, única. En este espectáculo que gira desde hace tres años por el mundo, Sáchez y Calonge quisieron "oxigenar la masa, las herramientas con las que uno trabaja normalmente". Y así, como tantas personas que desearon actuar bajo sus direcciones -como el gran actor Gabino Diego lo acaba de lograr en El desguace de las musas-, Carmen Barrantes, Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Magrinyà y Rafael Ponce lo consiguieron antes que nadie en este drama farmacológico que a la vez tiene un elemento delicado y que el director compara con una metáfora: "La obra es como una flor que se abre".

Calonge no es un dramaturgo encerrado en su habitación, alejado del escenario: "Un dramaturgo tiene que acompañar las obras al escenario. Siempre. Porque hay muchas cosas que no cuadran con la necesidad expresiva del actor. No es que el actor tenga que repetir algo como un papagayo o como un dogma. Muchas veces tus palabas estorban porque la visión que has tenido ha sido muy literaria. Los textos se podan, como con las plantas, para que puedan crecer". En la era del individualismo, La Zaranda continúa unida. "El teatro es compañía. No es un arte que uno crea en su soledad. Incluso cuando escribes. Una autor que escribe de sí mismo, necesariamente es un mal autor. El teatro se escribe siempre para que el otro diga", agrega el dramaturgo.

La Zaranda es el nombre que eligió a Eusebio Calonge y a Paco Sánchez, y no viceversa, como ellos sostienen, inspirado en una criba, en aquel tamiz que separa los elementos puros de los impuros. Aquello que permanece en esa red, aquello en su estado natural, sin colorantes ni máscaras, es el dolor. "Un actor no viene a interpretar nada. Viene a vivir y a arrancarse de dentro una parte de él mismo. Al fin y al cabo la creación es de quien la desarrolla. Hemos tratado a nuestros trabajos como una criatura viva, como nuestros hijos", sostiene el director quien agrega que su rol es el de leer mejor que nadie un texto y no imponer órdenes. Y como en un parto, a través de los ensayos, los realizadores se acercan al dolor. "El resultado, no lo invente yo, lo decía Orfeo, es bajar al infierno. Si no descubrimos nuestro propio dolor, no nos podemos acercar al desgarro de un personaje", aporta el autor.

"La vida del teatro siempre es difícil, pero uno tiene que defender lo que verdaderamente siente. ¿Cómo vas a hablar de verdad si estás engañando? Entonces te la juegas. Y no te la juegas con cada espectáculo. Te la juegas con cada función". En 2016, antes de que la extrema derecha desembarcara en Andalucía, de la mano de Vox, La Zaranda decidió marcharse a la capital, hartos de desplantes en su tierra natal. Hoy analizan el escenario político español con preocupación y asombro, pero sin un discurso radical. "No se trata de no tomar partido, porque tomamos partido desde 1978. Hay que gente que no soporta a la Zaranda, porque te toca. Esa es nuestra única política. Cuando el teatro se vuelve un tema sindical o se vuelve en un pulpito, no sirve. El arte nace de otros demonios y conflictos que no tienen que ver con el conflicto social".


PARA AGENDAR

La extinta poética,

El Picadero, Pje. Enrique S. Discépolo 1845.

Funciones: hoy, a las 22; y mañana, 23 de mayo, a las 21.30.


Fuente: La Nación
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