Lunes 18 de Febrero de 2019

En Mar del Plata

El espectáculo de Nacha Guevara y Marcelo Polino, un tributo fallido

Nacha Guevara y Marcelo Polino en "¿Por qué son tan geniales?". Va en El Tronador Concert, de Mar del Plata.
© Clarín

La obra, que se llama “¿Por qué son tan geniales?”, pretende ser un homenaje a los 50 años del café concert. Pero se queda en el camino.

Viernes 11 de Enero de 2019

El espectáculo se vende como un homenaje a los 50 años del café concert en la Argentina. Pero Nacha &Polino ¿Por qué son tan geniales? resulta un tributo fallido, lamentablemente.

El hecho de que la sala, el Tronador Concert, en lugar de butacas tenga mesas como lo requiere el género, no alcanza para transformar un espectáculo en café concert.

Marcelo Polino puede ser un gran periodista de espectáculos, pero relatar detalladamente su trayectoria, desde que empezó barriendo la redacción de la revista Tal cual hasta hoy, no tiene demasiada gracia. Si fuera la historia del chimento en la Argentina podría ser otro el resultado, pero las alusiones constantes a ShowMatch, a su rol de jurado en el Bailando que conduce Marcelo Tinelli y los “secretos” de algunos famosos, son los mismos que el periodista y conductor cuenta en casi todas las entrevistas.

La autorreferencialidad también es el leit motiv que toma Nacha Guevara. La artista tiene suficiente historia y trayectoria como para atrapar con cualquier anécdota al público, pero sus monólogos y diálogos con su compañero de escena se quedan en comentarios sobre lo bien que está a sus 78 años. El dato es cierto: Nacha parece haber pactado con el Diablo para lucir siempre espléndida pero, una vez más, sin una estructura que haga de esos diálogos un texto teatral, terminan por perder consistencia.

Nacha también canta y sabemos que su estilo es único. Pero acá, las canciones aparecen casi como ella estuviera en un cumpleaños y alguien le pidiera de favor que cante algo. Sin músicos en vivo y con pistas musicales de dudosa calidad, es imperdonable que la producción no cuide a una artista de la calidad de Nacha. Así y todo, sus interpretaciones de Se dice de mí, Mi ciudad, No llores por mí Argentina, sus clásicos, le dan un poco de aire al show.

La tradición del café concert nació hace más de un siglo en Europa y durante la Belle Epoque floreció en París, Berlín, Viena y otras ciudades. En la Argentina, el género tuvo su época de gloria en los '60 y '70 con artistas, por entonces menos conocidos pero sí irreverentes como Antonio Gasalla, Carlos Perciavalle, Edda Díaz, Enrique Pinti y la propia Nacha. En la historia de este género que supo unir el humor ácido, la crítica antisistema y lo musical quedaron nombres memorables como El gallo cojo o La Gallina Embarazada, espacios donde los artistas tenían vía libre para desplegar su talento. Niní Marshall, Cipe Lincovsky y María Rosa Gallo pasaron por el género y dejaron su huella, pero este homenaje no les hace honor.

Con una referencia constante a la televisión, aunque no es el único espectáculo que lo hace, es hora de preguntarse, ¿por qué esa costumbre de copiar y pegar fórmulas que funcionan en la tele en el teatro? La pantalla y el escenario son dos lenguajes completamente distintos y lo que funciona en uno no necesariamente se traslada por ósmosis al otro. El escenario puede potenciar o al contrario, desinflar por completo un concepto. ¿Tanto cuesta pensar una obra que aproveche los recursos teatrales que son tantos? Y más aún teniendo arriba de un escenario a Nacha Guevara, que es una de las mejores en lo suyo.

Todos los veranos, la temporada teatral marplatense asiste a la llegada de una cantidad de espectáculos que están armados a último momento, casi de improviso como un fast food artístico para el público que está de vacaciones. Esa circunstancia no merece peor calidad que la del resto del año. Como tampoco la de la impuntualidad: empezar una obra o un show 50 minutos tarde significa una falta de respeto los doce meses del calendario. A la salida, la vista desde el balcón del Tronador Concert, con una imponente postal de la ciudad y el mar compensan la noche.



Fuente: Clarín
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