Viernes, 22 de Junio de 2018
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Un miércoles variado

Festival de Cannes: El paro, en Francia, es cosa seria

Vincent Lindon. Ganó ocmo mejor actor hace tres años, por "El precio de un hombre". REUTERS/Jean-Paul Pelissier
© Clarín

Vincent Lindon protagoniza "En guerre", como un delegado sindical que no quiere que cierren una planta de su empresa.

En guerra trajo de nuevo a Cannes a la pareja del realizador Stéphane Brizé y el actor Vincent Lindon, quien aquí se llevó el premio al mejor intérprete masculino en 2015 por El precio de un hombre. Lindon vuelve a encarnar un personaje que tiene problemas en su vida laboral, aunque en el filme que ahora compite por la Palma de Oro su fase personal esté más de soslayo.

Lindon es Laurent Amédéo, un sindicalista que está peleando para que la fábrica Perrin donde trabaja no los deje en la calle. Hubo una promesa de la empresa hace dos años: que durante cinco años no iban a echar a nadie, pero ahora la cuestión es que la planta en el pueblo la quieren cerrar.

El filme está concentrado en las reuniones que la comisión interna tiene con los enviados de la empresa y el Gobierno, y también en las peleas internas. Están los que quieren dejar la toma, porque entienden que es la única manera de cobrar algo. Amédéo y los suyos son inflexibles.

Buena parte del filme transcurre en las arduas discusiones. Pero no es como Entre los muros, de Laurent Cantet, donde en las conversaciones en la clase había más que disputas. Aquí la cuestión central no es otra que la de mantener o no la fuente de trabajo.

Brizé y Lindon son gente de principios, y lo han demostrado en sus películas en conjunto. A eso se suma que Lindon es un monstruo como intérprete. Puede permanecer callado, escuchando, y dejar salir a la bestia que lleva adentro, con los ojos enrojecidos o ser un tierno y bondadoso padre cuando la cámara lo descubre de entrecasa.

Y si es difícil que En guerra se lleve algo en el palmarés que el Jurado que preside Cate Blanchett otorgará el sábado -este año todo pareciera orientado a la cuestión de género-, tampoco la estadounidense Under the Silver Lake, tendría suerte. Pero aquí entra a tallar una cuestión de méritos.

Andrew Garfield, el anteúltimo Spider-Man, el candidato a un Oscar por Hasta el último hombre, de Mel Gibson, la protagoniza. Pero, extraño, no vino a acompañarla a Cannes ante la prensa. Ya hablaremos del tema Hollywood, pero Cannes se ha perdido una estrella en la alfombra roja, de las escasas que los Estados Unidos tenían, a priori, para mostrar en la competencia.

Garfield es Sam, un joven a punto de ser desalojado de su departamento en Los Angeles, que se obsesiona con la desaparición de una chica rubia, y la muerte de un multimillonario. Hay desparpajo, pero también aires de grandeza de parte del director David Robert Mitchell. Es otro cineasta que de la Semana de la Crítica pega el salto grande al Festival de Cannes. Y dentro del panorama estadounidense visto por aquí, tal vez sea demasiado.

Donde sí apareció una virtual candidata a quedarse con el premio mayor es en la sección oficial Un certain regard. Es la local Les chatouilles o Las cosquillas, de los debutantes Andréa Bescond y Eric Métayer, sobre una bailarina que sufrió de niña el acoso y abuso sexual de parte del mejor amigo de sus padres (Pierre Deladonchamps).

A parte de tener casi todo para ser galardonada por lo que explicábamos antes (codirigida por una mujer; el tema abordado) es muy buena película. No sería poco.

CANNES. ENVIADO ESPECIAL



Fuente: Clarín