Miércoles, 26 de Septiembre de 2018

Se vienen medidas

El Papa envió un mensaje indirecto a los obispos chilenos pidiéndoles renuncias

La reunión del papa Francisco con 34 obispos chilenos para abordar los casos de abusos a menores en el país. EFE
© Clarín

En una misa habló de la decisión de retirarse. Pero no se refería a él sino a los obispos chilenos involucrados en casos de abusos.

¿Que quiso decir el Papa? ¿A quién hablaba Francisco? Causó sorpresa y un cierto impacto, hace dos días, que Jorge Bergoglio, 81, haya evocado su proprio caso al decir en una de las misas mañaneras que celebra en la casa de Santa Marta, donde se aloja, que todos los obispos saben que en algún momento deben tomar la decisión de retirarse.

Francisco había preparado una afilada homilía mientras en el Vaticano 34 obispos de la Conferencia Episcopal chilena (tres de ellos son eméritos, o sea, retirados), participan de un dramático encuentro convocado por el Papa argentino, a raíz de las “heridas devastadoras” causadas a la Iglesia trasandina, por los escándalos de abusos sexuales y el comportamiento “non sancto” de obispos y hasta cardenales.

La purificación y renovación de la Iglesia exige una purga drástica que puede incluir a una docena de obispos. Este martes, el Papa distribuyó unos temas de meditación sobre la crisis y su superación a los episcopales pidiéndoles que hasta que se sentaran hoy en el salón contiguo al Aula de las Audiencias Generales, se dedicaran a rezar y meditar, en una especie de jesuíticos ejercicios espirituales.

La segunda reunión de las tres jornadas, que concluyen el jueves, comenzó a la tarde y a los periodistas se les reiteró que el ambiente es de “total confidencialidad”: nadie debe decir una palabra. Tampoco el Papa, que no habló públicamente al comienzo ni lo hará al final del encuentro.

Sin estas aclaraciones sobre el clima que se vive aquí en el Vaticano no se entiende bien la reflexión de Jorge Bergoglio sobre un pasaje bíblico de San Pablo, en el que se refiere a cuando es el momento de “dejar el rebaño al cuidado de otros·”.

“Cuando leo esto”, explicó Francisco “pienso en mi mismo porque soy un obispo y tendré que retirarme”. Este enfoque no es del todo exacto, porque el obispo de Roma no es como los otros. Su retiro natural es la muerte. La de obispo de Roma (de cuyo título proviene el de Papa de la Iglesia universal) es una condición vitalicia, para toda la vida.

En los últimos dos años, ante la avalancha de conspiraciones y críticas de sus adversarios y enemigos de la derecha eclesiástica, Bergoglio cortó por lo sano y dijo varias veces que no pensaba renunciar.

Es claro que el Pontífice puede tener que retirarse en vida si sufre una enfermedad fulminante o tan grave que le impida el ejercicio del pontificado. El caso de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, que renunció en febrero de 2013 alegando que se sentía con pocas fuerzas físicas, ha causado un cimbronazo histórico, porque al menos en los últimos 600 años, los Papas llegaban hasta el final de sus días pese a que el cuerpo y la mente ya no les permitían seguir. Un ejemplo heroico fue el de san Juan Pablo II, Karol Wojtyla, que murió en abril de 2005 en dramáticas condiciones físicas tras casi 27 años de pontificado.

En su homilía en la que evocó el proprio retiro, Francisco indicó que “los obispos no deberían considerar su vocación como ascender en una carrera eclesiástica”. Les recodó la alternativa de los pastores que guían un rebaño y en algún momento lo deben entregar a otro.

“Pienso en los obispos, en todos los obispos”, agregó el Papa argentino, que aludía visiblemente a los episcopales chilenos, invitando a prepararse a aquellos a los que tras la reunión de emergencia en Roma les será comunicado el pase a retiro. “Que el señor nos dé la gracia a todos nosotros para ser capaces de poder partir de esta forma, con este espíritu y fuerza”, concluyó.

La última jornada, el jueves, la conferencia de “emergencia espiritual” del Papa con los obispos chilenos se dividirá en dos sesiones. El segundo encuentro estará dedicada a las conclusiones finales y tal vez a algún anuncio “estrictamente confidencial”.

En la jornada inaugural del martes, los obispos chilenos quedaron un poco desconcertados porque esperaban dialogar y sobre todo escuchar al Papa por lo menos durante dos horas y el encuentro duró menos de sesenta minutos. Entre los participantes se encuentran los cardenales Francisco Javier Errázuriz y Ricardo Ezzati, arzobispo de Santiago. Es Errázuriz el que despierta más expectativas, pues durante años fue la figura central y punto de referencia de los conservadores que controlaban la Iglesia chilena, convirtiéndola en una institución cerrada y opaca que privilegiaba el encubrimiento de decenas de casos de abusos sexuales para ·”evitar el escándalo”, como ocurrió y hasta ocurre hoy en muchas latitudes eclesiásticas del mundo pese a los anuncios de “tolerancia cero” con los curas pedófilos.

Errázuriz, de 84 años, es actualmente un cardenal emérito, retirado, a quien el Papa distinguió nombrándolo miembro de la exclusiva elite de purpurados de los cinco continentes que forman el Grupo de los Nueve, que se reunirán otra vez en junio para ir afinando la nueva Constitución Apostólica que contiene las complejas reformas de la Curia Romana, el gobierno central de la Iglesia.

En junio se cumplirá el quinquenio de los mandatos y es probable que el Papa no les renueve a todos su membresía en el G9. En los pasillos vaticanos se murmura que habrá llegado el momento de mandar a casa al cardenal Francisco Errázuriz, considerado junto con el nuncio apostólico Ivo Scapolo el mayor responsable de haber dado información falsa al Papa sobre los casos de abusos durante años, que han hundido el prestigio de la Iglesia chilena.

Hace unos días Errázuriz envió una carta a los obispos chilenos defendiéndose y contando que fue ciego y sordo en la investigación de los casos de abusos del padre Fernando Karadima durante muchos años por la influencia notable que éste tenía en las clases altas chilenas. Debería haber agregado también los vínculos de Karadima con la dictadura del general Pinochet. Karadima fue condenado por el Vaticano a una vida de oración y penitencia. Cumplirá 87 años en agosto, recluido en un hogar para ancianos desamparados. La justicia chilena lo consideró culpable pero no pudo condenarlo: los encubrimientos maniobrados por Errázuriz lograron que el tiempo desbordara a la justicia y los delitos prescribieran.



Fuente: Clarín