Sábado 4 de Julio de 2020

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Medidas audaces y eventualmente imprescindibles ante la crisis

Martes 30 de Junio de 2020
Medidas audaces y eventualmente imprescindibles ante la crisis
© El Cronista

Integro un grupo de abogados especializados en derecho empresarial que viene trabajando casi desde el inicio de la cuarentena en pensar y proponer una legislación de emergencia respecto de la responsabilidad contractual, societaria y de las previsiones concursales que pudieran colaborar para superar más eficientemente la crisis una vez que la pretendida “nueva normalidad” se instale y, aún con distanciamiento social y demás precauciones, pueda reiniciarse en toda su intensidad el ciclo productivo y comercial.

Así como tal grupo ha preparado diversos proyectos, muchos otros centros de estudio, o grupos políticos, o juristas individuales, han hecho sus aportes y hoy todo ese material está a disposición del Honorable Congreso de la República.

Pero tengo el íntimo temor que nuestros esfuerzos no vayan al corazón del problema y que si bien útiles para minimizar los padeceres no alcancen para producir el volantazo, el giro audaz y potente que nos aleje de la decadencia y nos lance a un mejor futuro.

Por más que la ley o la jurisprudencia se vuelva comprensiva con la responsabilidad de quienes tomen decisiones eventualmente erróneas en una realidad agitada, oscura, traicionera y llena de sorpresas (en tanto lo hagan de buena fe y manejando la seguramente incompleta información que una persona prudente pretendería para el caso); por más que los concursos se hagan más flexibles, más humanos, más cercanos al deudor en crisis, más plurales –con diversos procesos y vías de ingreso para sujetos con problemáticas disímiles-, lo cierto es que si el grueso de los emprendedores está tan exangüe que nada puede encarar más allá del cierre (o la fuga), todo este trabajo podría quedar limitado a unos pocos deudores frente al universo de potenciales usuarios de tales normas.

Y estaríamos aditando al sufrimiento emergente de la crisis en curso y pronta a buscar su maligna plenitud la frustración de que habiendo tenido remedios que pudieron haber sido útiles en otro estadio del mal momento, quedaron inutilizados porque la aptitud destructiva de la crisis exigía alguna medida heroica que no estaba ni está sobre la mesa (o lo está de modo más tenue que el que demanda la hora).

Esta preocupación, compartida por muchos miembros del Grupo de Estudio (que se denomina “Saliendo del Arca” o “El Arca”), aparece acentuada al infinito leyendo mails que llaman derechamente a la rebelión fiscal.

La clase media herida e insuficientemente asistida, los comerciantes con locales cerrados, los pequeños empresarios que subsisten porque el Estado carga con la mitad de sus costos laborales y porque sus acreedores casi no cuentan con Tribunales en funciones ante los cuales accionar; son sujetos que nada han ganado en lo que llevan de enclaustramiento y que acumulan deudas y más deudas, que han “consumido” reservas y no quieren préstamos. NO digamos al 24%. NO quieren préstamos a tasa “cero”. NO quieren deber más plata. NO quieren que el Fisco les de prórrogas de lo que siguen debiendo.


Nada más disociante para una comunidad sujeta a la ley que la rebelión fiscal. Lleva en sí el caos y potencia al infinito desencuentros, abre brechas ideológicas y lo que parece imposible a esta altura del siglo XXI se tiñe de connotaciones de lucha de clases. Atenta conceptualmente, además, con el alto valor de la democracia y la convivencia tolerante y civilizada que felizmente impregna nuestra historia desde hace casi cuarenta años.

Además de las reformas en estudio hay que analizar como sociedad y exigirle el análisis a nuestros representantes políticos- que son los que tienen legitimación constitucional para tomar las medidas y deben actuar con un oído en el Pueblo-, al menos algunos cursos de acción:

En algún tiempo soñábamos con incubadoras de empresas. Hoy estamos hablando de terapia intensiva para ellas. Pero no es solo tiempo lo que necesitan. Eso sanará a las más fuertes y aptas, a las que tengan la fortuna de un nicho de mercado con aptitud de recuperarse rápido. Pero la mayoría de las candidatas a tales tratamientos no serán “revelaciones” de ingenio humano. Serán nuestras conocidas, queridas y muy necesarias pymes. Sin ellas la trama social se deshace y la desocupación (y el falso remedio del clientelismo) se disparan al infinito.

Como en los viejos mapas de la Edad Media, a los costados del camino habrá “dragones” o “precipicios”. Será demasiado fácil el derrape, porque las empresas estarán débiles y desorientadas y los empresarios con ganas de pedir la hora o tirar la toalla. No bastarán técnicas diseñadas para cuando un sujeto o varios tenían problemas en medio de un escenario de relativa bonanza. La realidad que aplasta y niega alternativas no solo es terrible; básicamente es contagiosa.

Pero no es inexorable. Un obrar lúcido, conjunto, solidario y que atienda audazmente los problemas de base, un caminar juntos sabiendo hacia dónde ir, se muestra como una actitud positiva y un recorrido digno de transitar.

Tal vez parezca que estoy pidiendo mucho. Creo, sin embargo, que apenas estoy verbalizado lo imprescindible.


Fuente: El Cronista