Domingo, 16 de Diciembre de 2018
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EEUU atrapa a Huawei, como perro que ladra al auto

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Estados Unidos parece el perro que logra llegar al auto al que ladraba y perseguía: alcanzó su objetivo, ahora debe decidir qué hará a continuación.

Estados Unidos parece el perro que logra llegar al auto al que ladraba y perseguía: alcanzó su objetivo, ahora debe decidir qué hará a continuación.

Con la salvedad que Wanzhou Meng es una persona. Es la directora financiera de Huawei Technologies Co., además de vicepresidenta y la hija de su fundador. Está bajo custodia canadiense a la espera de ser extraditada a EE.UU., y China está indignada.

Ahora que Huawei finalmente ha sido acusada de supuesta violación de sanciones, una acusación ya formulada contra su compatriota ZTE Corp, el Departamento de Justicia de EE.UU., y la administración Trump tienen una importante pregunta que responder: ¿Qué queremos con esto?

El enfoque de castigar, perdonar y luego volver a castigar a ZTE no debe repetirse si EE.UU. quiere que se le tome en serio.

Se descubrió que ZTE violaba sanciones de EE.UU. al vender equipos a Irán. Se disculpó y se le dejó ir con una multa y una pena suspendida de siete años con la condición de que cambiara sus métodos y despidiera a algunas personas.

No pasó mucho tiempo antes de que ZTE rompiera ese acuerdo, y EE.UU respondió restringiendo el suministro de componentes a la compañía. Eso amenazó con paralizar a ZTE porque las piezas estadounidenses son cruciales para la cadena de suministro de tecnología global.

En otro ejemplo más de la naturaleza transaccional de la actual administración de EE.UU., ZTE logró librarse de esa prohibición de compra pagando una multa aún mayor. El mensaje para el mundo fue claro: el estado de derecho de EE.UU. está a la venta.

No está claro lo que EE.UU. realmente obtuvo del caso ZTE, más allá de unos cuantos dólares extra. El Congreso estaba tan enfurecido con este acuerdo “trumpiano” que amenazó con restablecer las anteriores penas más severas por su propia cuenta. Los legisladores dieron marcha atrás antes de volver a plantear la posibilidad.

Así que ahora es el turno de Huawei. Todos sabíamos que esto iba a pasar. Sin embargo, este no es ZTE. Huawei es la compañía de tecnología más importante de China y un héroe nacional. Esto aumenta el riesgo para ambas partes.

Hasta la fecha, EE.UU. ha desplegado una estrategia radical en su guerra comercial con China. Para luchar contra la percepción de un desequilibrio comercial y la violación de la propiedad intelectual, el presidente Donald Trump ha aplicado aranceles sobre un conjunto ecléctico de productos. Eso podría funcionar para un desequilibrio comercial, pero es una mala manera de abordar el actual robo de tecnología estadounidense.

Si EE.UU. simplemente le emite a Huawei una factura muy grande, entonces Pekín se reirá. China está feliz de gastar dinero para lograr la visión del presidente Xi Jinping de una superpotencia tecnológicamente independiente. Unos pocos centavos en las arcas de EE.UU. será dinero bien gastado. Una medida de ese tipo también sería una bofetada a aliados como Australia y Nueva Zelanda, que han comenzado a prohibir los productos de Huawei en sus redes aludiendo a ese otro gran tormento estadounidense: la seguridad.

En su lugar, EE.UU. debería avanzar con planes para establecer protocolos más estrictos sobre lo que le permitirá comprar a China. La Ley de Reforma del Control de Exportaciones tiene similitudes con el Acuerdo de Wassenaar, un tratado multinacional que restringe el flujo de armas y herramientas sensibles, como los equipos de fabricación de semiconductores.

Empresas estadounidenses como Apple Inc., IBM Inc. y Microsoft Corp. están preocupadas por esa ley y han puesto en marcha sus grupos de presión, escribió esta semana Alexei Alexis, de Bloomberg Law. Las regulaciones carecen de especificidad, argumentan. Un punto válido, pero además estas empresas están desesperadas por vender la mayor cantidad de sus productos a China que sea posible.

El Departamento de Comercio, que administra la ley, haría bien en ser más refinado en su definición de lo que está permitido y lo que no, pero debe asegurarse de no diluir las regulaciones para crear vacíos legales. Las disposiciones de la ley podrían utilizarse para castigar a los infractores con penas muy claras que no den el mismo tipo de margen de maniobra del que disfrutaba ZTE.

Además, para ser verdaderamente eficaces, estas regulaciones necesitan el apoyo de los aliados. Y eso requerirá que Trump pase más tiempo siendo amistoso con los amigos de EE.UU. y menos tiempo siendo amistoso con sus enemigos. También requeriría que EE.UU. reconociera que no todos los problemas pueden resolverse con un mazo demoledor.

Con el arresto de una alta ejecutiva de Huawei, EE.UU. tiene una oportunidad de oro para cambiar la forma en que China roba tecnología. Hacer algo menos que eso hará que la persecución haya sido poco más que una farsa.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.



Fuente: Perfil.com
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