Martes, 11 de Diciembre de 2018
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Comercio exterior

Argentina Exporta: la apuesta para transformar el comercio exterior

© La Nación

El plan federal busca fijar procedimientos para potenciar las exportaciones con metas que se proyectan en dos horizontes temporales: 2023 y 2030

Si se cumplen los objetivos del Gobierno, 2018 puede ser el año en el que el comercio exterior argentino empezó a dejar atrás el tradicional nivel de concentración de sus exportaciones, por el cual más del 90% de las ventas al exterior son responsabilidad de menos del 10% de las firmas exportadoras.

Todos los gobernantes a lo largo de la historia han deseado incrementar sus exportaciones, pero el énfasis que se coloca en ese objetivo es variable, y con frecuencia el aumento de las ventas al exterior fue postergado en la escala de prioridades frente a otros temas. El ejemplo más cercano lo ofrece el período kirchnerista, en el que proliferaron restricciones y desincentivos a la exportación, fundamentados en la necesidad de asegurar el abastecimiento del mercado interno.

Desde el comienzo de su mandato, Mauricio Macri quiso diferenciarse de aquella postura, lo que se plasmó en dos consignas que reitera con frecuencia: "inserción internacional inteligente" y "ser el supermercado del mundo".

Lo primero, de acuerdo con documentos oficiales de la Cancillería, se puede sintetizar como la búsqueda de acuerdos comerciales con todos los mercados que presenten oportunidades para colocar bienes y servicios argentinos, sin detenerse en "condicionantes ideológicos" que, a juicio de este gobierno, afectaron negativamente el desarrollo exportador del país.

"Ser el supermercado del mundo", por otro lado, es planteado por Macri como una alternativa superadora de la condición de "granero del mundo" de la que la Argentina se enorgullecía a principios del siglo XX. En esencia, se trata de dejar de ser principalmente exportadores de materias primas agrícolas, y aumentar la presencia argentina en las góndolas con alimentos listos para consumir.

Hasta el momento, la economía real no respondió a las expectativas presidenciales y la suma de las exportaciones argentinas se encuentra en el mismo nivel que hace diez años. Los únicos resultados positivos de magnitud se sustentan en la producción de Vaca Muerta y en las exportaciones automotrices a Brasil, logros valiosos pero sin conexión con las proclamas presidenciales.

El 11 de octubre pasado, luego de la mayor devaluación de los últimos 15 años, el gobierno argentino retomó la iniciativa en la cruzada exportadora, esta vez con mayor organicidad, al lanzar el plan Argentina Exporta, presentado en público en el CCK. El propio presidente abrió la ceremonia y se puso al frente de la campaña.

A diferencia de sus consignas anteriores, Argentina Exporta fue formalizado en un documento de 47 páginas con metas concretas, focalizadas en dos indicadores: cantidad de empresas que exportan sostenidamente, y cifra total de exportaciones anuales de bienes y servicios; ambas se proyectan en dos horizontes temporales: 2023 y 2030.

La publicación de metas concretas siempre es un rasgo valorado en las políticas públicas. José Luis Lopetegui, secretario de Comercio Exterior de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, coincide particularmente en la necesidad de ampliar la cantidad de empresas exportadoras, que el plan propone cuadriplicar para 2030. Partiendo de las 9500 firmas que exportan actualmente, para alcanzar el objetivo deberían iniciarse y sostenerse en la exportación un promedio de 2500 empresas al año.

La otra meta para 2030 es triplicar las exportaciones, llevándolas a 200.000 millones de dólares. Aunque a primera vista genere entusiasmo, podría ser un objetivo algo anticuado para la realidad actual de un comercio exterior marcado por las cadenas de valor internacionalizadas. Muchas exportaciones argentinas, como las del complejo automotor, dependen de insumos importados.

"Hay que dar más importancia a la inserción de las empresas en las cadenas de valor internacionales, y a la evaluación de las exportaciones a partir de su valor agregado neto, no a partir del valor final de la exportación", recomienda José Prunello, especialista argentino en promoción comercial, que se ha desempeñado en organismos internacionales como el Centro de Comercio Internacional OMC/Unctad y el Banco Mundial, además de haber dirigido durante catorce años la oficina regional para Sudamérica de la agencia de promoción de Nueva Zelanda.

Varios estudios recientes desmitifican la creencia de que el crecimiento de las exportaciones se trasladará directamente a un mayor ingreso nacional, si el país depende de insumos importados. Por ejemplo, las exportaciones brutas reales de productos manufacturados de Alemania entre 1995 y 2008 aumentaron un 98%, pero si se descuentan las importaciones asociadas a ellos, aumentaron solo un 7%. Ya en 2013, la Unctad recomendaba apuntar al incremento del valor agregado en lugar de poner como meta el aumento de las exportaciones.

En el caso de la Argentina, el consejo parece particularmente apropiado, ya que por la ubicación y los costos de transporte, si el aumento de las exportaciones depende de componentes importados, buena parte de las divisas de exportaciones irán a parar a los prestadores de servicios logísticos. Si bien usar insumos y tecnología extranjera es inevitable, el país aún tiene mucho terreno para ganar en la agregación de valor a productos primarios y en completar tramas productivas.

Con un enfoque similar, Ricardo Campero, secretario de Comercio durante la presidencia de Raúl Alfonsín y redactor de la ley de promoción de exportaciones vigente, enfatizó, tras analizar el plan Argentina Exporta, que "hay que revertir la tendencia a la primarización mediante el desmonte gradual de derechos de exportación, diferenciado para beneficiar valor agregado, utilización de inteligencia y regionalidad".

De hecho, el plan contempla como objetivos complementarios "diversificar los destinos de exportación, federalizar las exportaciones y complejizar nuestra oferta exportadora", y por "complejizar" se refiere a reducir el peso de los recursos naturales, y "vender al mundo productos y servicios con cada vez más diseño, calidad y valor agregado", pero por el momento no hay metas concretas respecto de estos ejes.

Campero considera que el plan acierta al buscar "competir diferenciadamente y no meramente competir", y considera que las metas propuestas pueden cumplirse si se dan ciertas condiciones, entre las que incluye el tipo de cambio, esfuerzos de diplomacia comercial, e "imaginación para vencer el sesgo antiexportador de las condiciones financieras".

Más allá de las metas, el plan puede caracterizarse como una obra en construcción, ya que el documento difundido es de carácter preliminar. A partir del evento en el CCK comenzó una gira por las provincias en la que el Ministerio de Producción y Trabajo se propuso escuchar las inquietudes de los exportadores actuales y potenciales, para desembocar en un nuevo foro, que tendrá lugar el 11 de diciembre en Pilar, en el cual se volcarán los resultados de los encuentros regionales y se buscará dar mayor precisión a la iniciativa.

"Es positivo que se busque el consenso con las empresas y los empresarios", comenta Prunello; "los estudios de impacto demuestran que aquellas organizaciones de promoción comercial en cuya dirección estratégica tiene mayoría el sector privado, producen mejores resultados".

Campero, por su parte, considera prioritario "sensibilizar a provincias y municipios para sumarse activamente a promover la exportación de sus producciones". Al respecto, cabe observar que algunas jurisdicciones cobran percepciones de ingresos brutos al transporte de cargas de exportación (5% en el caso de la provincia de Buenos Aires).

La invitación del plan Argentina Exporta genera reacciones diversas en los sectores productivos; más de setenta cámaras han asistido a los encuentros regionales. Para Lopetegui, "es un plan que decididamente apoyamos, y participamos con toda la red nacional de CAME", pero Raúl Zylberstein, secretario general de la Confederación General Empresaria (Cgera), percibe en los dichos de los funcionarios "que no tienen idea de qué ni cómo, por eso dicen que convocan a todos los sectores para que les digan qué exportar y así elaborar un plan".

A la vez, la cercanía con la reinstalación de las retenciones a la exportación y la reducción de los reintegros motivan un fuerte reclamo de previsibilidad: "Lo que hace falta es una política y cultura exportadoras, pero esto no sucede, porque las reglas y los precios cambian constantemente y eso en el mercado global es inaceptable", señala Zylberstein, quien fue director de ProArgentina en el gobierno anterior. "¿Qué condiciones le aseguran a una pyme para hacer el esfuerzo y qué están dispuestos a financiar desde el Estado?", se pregunta.

Para los funcionarios del Gobierno, la modificación del esquema de reintegros y derechos de exportación no debería impedir la competitividad de las exportaciones ya que su efecto es superado por la mejora de los precios ocasionada por la devaluación. Sin embargo, la mejora del tipo de cambio no impacta del mismo modo en todos los sectores, ya que muchas exportaciones tienen un fuerte componente de insumos importados o con precios fijados en dólares, como ocurre con el sector automotor y el agropecuario. Por otro lado, el salto de la tasa de interés, sumada al alza del precio del combustible y las tarifas de servicios públicos, con su correlato inflacionario, llegan a todas las actividades económicas.

Frente a esa batería de "malas noticias", el plan Argentina Exporta hasta ahora no sumó nuevos instrumentos de promoción, fuera del anuncio de una línea de crédito a la primera exportación. En una entrevista con este medio, el ministro Dante Sica señalaba que hay muchas herramientas preexistentes disponibles que las empresas podrían aprovechar más. Los funcionarios del gabinete recuerdan constantemente los logros alcanzados en la agilización de trámites y no dejan de mencionar al régimen Exporta Simple, que bonifica el costo del primer envío y está exento de los derechos de exportación.

Para muchas pymes, ciertamente, Exporta Simple es una excelente manera de empezar a vender al exterior, pero para otras es inviable, por utilizar servicios de courier que, además de limitar el peso y volumen, imponen un costo de flete prohibitivo para muchas mercaderías. Esta modalidad fue lanzada hace un año y a fines de julio, cuando lo habían utilizado 218 empresas, se anunció que se bonificaría el costo del primer envío a un cupo de mil pymes. Desde entonces, 227 firmas se incorporaron al sistema.

El Gobierno sí ha dado grandes pasos en negociaciones internacionales para destrabar el ingreso de alimentos argentinos a los países donde el acceso estaba cerrado por barreras paraarancelarias. En esta tarea se destacó la Secretaría de Mercados Agroindustriales, que conducía Marisa Bircher, quien seguramente potenciará esa línea de acción desde la nueva Secretaría de Comercio Exterior del Ministerio de Producción y Trabajo. Son negociaciones menos espectaculares que las de los tratados de libre comercio (TLC), pero a la vez mucho más efectivas e incluso más rentables para la Argentina, ya que cerrar un TLC con frecuencia incluye riesgos para la industria nacional, mientras que la eliminación de un obstáculo técnico es pura ganancia.

Al igual que ocurre para los alimentos, hay muchas manufacturas industriales cuya importación exige el cumplimiento de normas técnicas nacionales, lo que representa costos, demoras y dificultades prácticas para los exportadores. Sería interesante estudiar cómo Brasil puso en marcha en 2015 un acuerdo de armonización de reglamentaciones con Estados Unidos; evidentemente, el Mercosur no es un obstáculo para avanzar en este tipo de cuestiones.

De todas maneras, Lopetegui, de CAME, advierte que "por más que abramos mercados no nos van a comprar si no tenemos un producto seductor desde la calidad y competitivo en el precio; lo más importante es desarrollar pymes exportadoras competitivas". Para ello, considera que hay que capacitar a los empresarios, "pero también despejar obstáculos, como costos logísticos excesivos, tributos que podrían reducirse o servicios de organismos duplicados e innecesarios".

El plan otorga una importancia destacada a la eliminación de este tipo de obstáculos, y es indudable que este gobierno ha emprendido una lucha contra la burocracia nunca antes vista en la historia argentina. Pero a tres años del inicio de esta presidencia, el Estado sigue desfinanciando al sector productivo de múltiples maneras. La devolución del IVA al exportador, por ejemplo, es un trámite caro, ya que las empresas deben pagar contadores para gestionar que el Estado les devuelva lo que es de ellas, y cuando finalmente se cobra, la mitad se perdió por la inflación y el costo financiero.

Así las cosas, los empresarios esperan que la decisión política del más alto nivel, que al parecer esta vez está presente, asegure el esfuerzo mancomunado de todos los organismos nacionales en el mismo rumbo, porque las principales batallas deben librarse fuera de la órbita de los dos ministerios que figuran en el plan Argentina Exporta.



Fuente: La Nación
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