Domingo 25 de Agosto de 2019

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El VAR de la LA NACION: los brotes verdes, el amarillo promedio y la retaguardia en rojo de la selección

Lunes 8 de Julio de 2019
Lautaro Martínez y Otamendi, en los extremos de los rendimientos mostrados en Brasil Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
© La Nación

Lautaro Martínez y Otamendi, en los extremos de los rendimientos mostrados en Brasil

Hay que tomar distancia del escándalo que envolvió el último tramo de la selección en la Copa América para observar la profundidad del asunto central: el juego de una selección que progresó con el andar del torneo pero que tiene por delante un margen de mejora considerable. Porque antes de que Lionel Messi se plantara contra "la corrupción" de la Conmebol y no subiera al estrado en el Arena Corinthians a recibir el premio por el tercer lugar hubo un recorrido de seis partidos que permite separar lo verde de lo amarillo, y lo amarillo de lo rojo. Un juego que invita al lector a acordar y disentir.

Lo mejor de Argentina lo produjo la joven guardia. Representada por Leandro Paredes, que llegó a Brasil como un futbolista que se iba a mover como interior y se fue como el N° 5 de la selección argentina. "Trabajé mucho para lograrlo, llegó la hora de disfrutarlo", le dijo a la nacion en pleno torneo este muchacho que cumplió 25 años durante la competencia. El volante de PSG viene a romper el molde de Javier Mascherano, que monopolizó esa posición en cuatro mundiales. Su estilo de jugador pulcro pareciera alejarlo del combate, pero no le teme: fue el argentino que más pelotas recuperó en el torneo y quedó tercero en el ranking general de pases entregados en campo rival (209, solo superado por Dani Alves y Arthur), según las estadísticas de Opta. Contra Chile, además, fue el máximo rematador del equipo (4) porque no pierde su deseo de protagonizar. Paredes tiene futuro, pero ahora también presente.

Desde que Lionel Scaloni lo mandó a la cancha en el entretiempo ante Colombia, Rodrigo de Paul solo dio pasos hacia adelante. Molesto por un comentario que circulaba alrededor del grupo ("Es el nuevo Lavezzi, el que divierte a los demás", lo tildaron por su buen humor) demostró que tiene sobradas condiciones para estar donde llegó. Ataca, defiende, contagia y corre como el que más. Una revelación que llegó para quedarse.

Entre los nuevos, el que brilló por su determinación goleadora fue Lautaro Martínez. No tuvo miedo cuando debió reemplazar a Agüero contra Paraguay, y marcó el primer gol contra Qatar y Venezuela, sacándole lustre a una de sus cualidades: jugar concentrado de principio a fin. Tampoco se achicó contra Brasil y la amarilla lo dejó fuera del último partido. Se ganó un puesto al lado de dos estrellas.

"Tengo que discernir mejor cuándo arriesgar con la pelota y cuándo no", dice Juan Foyth, el más joven del plantel, dueño de una lucidez llamativa. Estudioso del juego y llamado a ser un gran defensor central, aceptó jugar como lateral derecho aunque no fuera su fuerte y cumplió con creces. Remendó un sector de la cancha que había hecho agua en los primeros dos partidos con Saravia y Casco.

Paulo Dybala no es de los nuevos, pero recién ahora tuvo cierto protagonismo, coronado con el golazo que le hizo a Chile, el primero en partidos oficiales con la selección. "Siempre confié en mí, necesitaba esta oportunidad, me voy contento", asumía ante LA NACION después del accidentado 2-1. Scaloni no lo veía bien al principio, pero el delantero le sacó el jugo a las chances que tuvo desde el pase-gol que le dio a Agüero contra Qatar. Se ganó más minutos y un lugar para lo que venga.

Sin que hayan tenido grandes rendimientos, entre los aprobados se cuentan también Franco Armani (fue de menos a más, le anotaron seis goles), Nicolás Tagliafico (la falta de un socio definitivo en su sector lo perjudicó, pero su temperamento y concentración no admiten dudas) y Marcos Acuña (se ganó el puesto en los minutos que tuvo contra Qatar, rindió contra Venezuela y estuvo a la altura ante Brasil, sin brillar).

Conviene diferenciar: no es lo mismo una nota mediana para Lo Celso que para Agüero, por el lugar desde donde partían. El volante empezó como un candidato a ser el socio de Messi, pero el planteo conservador ante Colombia y los constantes cambios de posición que debió hacer ante Paraguay lo perjudicaron. Tiene pase y clase, se advierte fácil, pero necesita un respaldo colectivo que el equipo le ofreció solo por momentos. Llega al gol, además.

Agüero luchó, y eso lo ayudó a levantar su puntaje. Había arrancado lejos del que suele ser en Manchester City y perdió el puesto. Cuando lo recuperó, favorecido por una idea general más ofensiva, entregó otra imagen e hizo dos goles de su sello, ante Qatar y Chile. Demostró que quiere seguir siendo parte.


Pezzella tiene el mérito de no haberse caído cuando Scaloni lo sacó del equipo. En su primer torneo con la selección, lideró las estadísticas del equipo en duelos mano a mano ganados (29, el 69% de los que enfrentó, según Opta). Pero le costó crearse una imagen de fortaleza, en parte porque a veces los volantes no eran la barrera de contención necesaria.

Roberto Pereyra peleó contra una lesión muscular que no lo tuvo siempre disponible. Jugó como titular ante Paraguay y se perdió en la intrascendencia del peor partido de Argentina. Su escasa participación en el torneo permite colocarlo en esta franja: sin minutos, es difícil demostrar.

Ángel Di María disputó sus primeros minutos en la era Scaloni contra Colombia, en el debut en la Copa: duró 45 minutos y ya no recuperó la titularidad. Esa noche no incidió en el desarrollo, pero su peso específico le regaló nuevas chances en el resto del torneo: el entrenador lo usó como una variante ofensiva, y ya no como volante. Entró muy bien contra Venezuela, particularmente. Contra Chile hizo una jugada del viejo Di María: corrió de campo a campo y le cedió la asistencia a Agüero, que no logró traducir esa corrida en gol. ¿Poco para un jugador de su clase? Sí, pero tuvo la virtud de no entregarse a lo que parecía su final en la selección.

¿Qué agregar de Messi? Su mejor versión fue la que ofreció contra Brasil, después de haber tenido un tránsito opaco en los cuatro partidos previos: en todos ellos, LA NACION lo calificó con 5. Esa noche se cargó al equipo y luchó con todas sus fuerzas, aunque sucumbió ante los palos de Allison y la falta de efectividad general. Ante Chile, se dijo, propició una muy buena primera media hora -asistió con picardía a Agüero en el primer gol- pero se fue expulsado en una acción que recorrió el mundo. Fue el máximo rematador del equipo, con 17 disparos. Solo anotó ante Paraguay, de penal.

Por su trayectoria, entre los desaprobados la nota más baja le cabe a Nicolás Otamendi. Nunca impuso la jerarquía que lo llevó a ser durante años una referencia defensiva para Pep Guardiola en Manchester City. Está claro también que jugar a la izquierda recorta sus recursos: fue evidente cómo Brasil lo dejaba avanzar porque sabía que ese perfil es el más flojo de Otamendi. Por ese lado conduce con la falta de determinación de quien está en una posición incómoda. Quedó retratado por Gabriel Jesús -su compañero de club- en el gol que resolvió el clásico, como Zapata lo había dejado tirado en el tanto definitivo de Colombia. Argentina necesita un central zurdo.

El lateral derecho, hasta que se impuso Foyth de emergencia, había ido y venido en los tres primeros partidos entre las dudas de Renzo Saravia y Milton Casco. El exRacing fue desbordado siempre y no ofreció la variante ofensiva que solía ser en el campeón de la Superliga. El de River penó contra Paraguay y ya no volvió a jugar: acostumbrado al otro lateral, ni siquiera ser derecho por naturaleza lo ayudó a disimular su confusión.

En el medio de la cancha, el primero en aparecer fue Guido Rodríguez. En ese mal inicio en el torneo, el volante de América de México luchó en soledad y salió en el segundo tiempo. Ya no tendría otra posibilidad, por lo que se fue con un sabor amargo. Algo parecido le ocurrió a Guido Pizarro, que apenas participó. A los dos les cabe el mismo argumento de defensa que puede enarbolar Matías Suárez: casi no fueron tenidos en cuenta.

Ramiro Funes Mori entró en los últimos minutos a defender el triunfo contra Chile, cuando se acercaba el descuento: fueron los únicos en los que pisó la cancha. Agustín Marchesín y Juan Musso (el arquero que reemplazó en la lista a Esteban Andrada) fueron los suplentes de Armani y no jugaron.


Fuente: La Nación
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