Domingo 20 de Octubre de 2019

Deportes

Señas particulares del nuevo River de Juanfer Quintero

Viernes 15 de Febrero de 2019
Fuente: LA NACION - Crédito: ALFIERI MAURO
© La Nación

"Quintero está jugando un fenómeno y se está haciendo cargo del juego, que es lo que yo quería de él. Cuando juega, juega a otra cosa y contagia a todos. Nos da un fútbol de alto vuelo".

Marcelo Gallardo no es de regalar elogios gratuitamente. Como cualquier entrenador se siente más cómodo entregando conceptos del análisis colectivo de su equipo, antes que buceando en las aguas de los detalles individuales. Sin embargo hay situaciones que ameritan abandonar el protocolo: su insistencia para defender a jugadores como Gonzalo Martínez, Milton Casco o Nicolás De la Cruz son los mejores ejemplos y valen para exponer la forma en la que un líder puede inyectar confianza a sus dirigidos desde los hechos, pero en algunos momentos precisos, también desde las palabras.

Con Juan Fernando Quintero, todo es distinto porque él es diferente. Cuando un jugador dispone de semejante gama de recursos, cuando el potencial futbolístico que se observa es aún más amplio que lo que refleja la realidad, cualquier entrenador se siente desafiado para lograr la mejor versión y la más completa posible de ese talento que supera la media y que expresa sus habilidades con una naturalidad casi insolente.

Cuando Gallardo habla del colombiano como un jugador que "juega a otra cosa" sabe muy bien el impacto que tendrán sus palabras. Él como jugador, también jugaba "a otra cosa" y conocía perfectamente lo que implicaba llevar las riendas del juego de un equipo como el "millonario" vistiendo la camiseta número diez.

La partida del "Pity" Martínez fue un golpe emocional gigante para los hinchas. Su crecimiento futbolístico y sus goles frente a Boca lo consagraron como un ídolo 2.0. La salida del mendocino le abrió a Gallardo la puerta de una decisión mucho más importante que la de pensar si buscar un reemplazo o resetear el módulo de ataque. Al darle el "mando ofensivo" a Quintero, el entrenador ha elegido invadir el territorio contrario por caminos diferentes. Martínez era decisivo en los duelos individuales, expresando un coctel que incluía habilidad mezclada con una buena dosis de explosión y velocidad, pero su juego desequilibrante generalmente quedaba acotado a las bandas, para desde allí poder marcar diferencias. Los tiempos que vienen, con la impronta de Quintero mostrarán un River diferente. Si Pity era un solo de violín delicado, Juanfer es el director que lleva la batuta y marca los tiempos de la orquesta. Desde su lugar central en el campo, o recostado sobre una banda pero con tendencia a ocupar espacios interiores, reparte el juego a todos sus compañeros con una visión periférica extraordinaria. Como apoyo del mediocentro, puede aprovechar la pegada exquisita de su botín de porcelana, con cambios de frente que cambien la orientación de los ataques o envíos verticales de treinta metros capaces de superar a los medios rivales y acelerar la transición en la mitad del campo. Como enganche, sus destrezas muestran la clase de sus envíos. Como "asistidor" de esos estiletes filtrados que se clavan como dagas entre los defensores, o como ejecutor de remates de los que Boca, Racing y Rosario Central pueden atestiguar con lujo de detalles.


La frase del técnico también incluyó el "cuando juega" y ahí está el gran desafío que le corresponde al jugador. El talento del zurdo es incuestionable y su gran objetivo será poder sostenerlo de forma consistente durante la mayor cantidad de minutos posibles. El "Don" del talento está consagrado para unos pocos elegidos y Quintero ha sido tocado por esa varita mágica que elige de forma aleatoria y en su caso lo transforma en una pieza tan valiosa como necesaria.

Recibió una camiseta con historia y ese número 10 parece quedarle perfecto. Su estilo de andar aristocrático, respeta el ADN del paladar de los hinchas de Nuñez y su techo parece inmenso.

Ahora dependerá de él, con todo lo que eso implica.


Fuente: La Nación