Lunes 16 de Septiembre de 2019

Deportes

Boca precisa que el orador no se devore al entrenador

Jueves 3 de Enero de 2019
Fuente: AP - Crédito: Gustavo Garello
© La Nación

Gustavo Alfaro encanta desde las palabras. En algunos clubes funcionó la oratoria. Olimpo y Quilmes jamás lo olvidarán tras ascensos históricos desde la B Nacional. Mucho menos Arsenal, campeón de casi todo en los tiempos de Julio Grondona como presidente de la AFA. El mismo Grondona que en 2007 le impidió irse a Boca. Vaya ironía. Antes no y ahora sí. Pero es también el mismo DT que no pudo hacer pie en los grandes desafíos de su carrera. En San Lorenzo duró un suspiro. En Rosario Central se lo desdeña. En Gimnasia nadie hizo demasiados esfuerzos por retenerlo. Y en Huracán... en Huracán es otro tema. Amado en lo deportivo y mirado de reojo en cuanto a la actitud que desembocó con su incorporación a Boca. Como que se quedó a mitad de camino en lo que, por ejemplo, logró Ángel Cappa, el subcampeón más recordado en Parque de los Patricios.

Alfaro quiso quedar bien con todos. Y no pudo. A veces los dirigentes no cumplen con los contratos. Y, a veces, como en este caso, los entrenadores, tampoco. A la distancia pareció exagerado el machete con el artítulo 88 de la ley de contrato de trabajo. Es cierto que todo está a reglamento. Es justo. Pero el fútbol desobedece esos mandatos tan rígidos. El fútbol, más para mal que para bien, se guía por los sentimientos, por esos estadios que parecen tener voz y voto. Alfaro no debería olvidarse que alguna vez Boca, con Daniel Angelici a la cabeza, echó a Carlos Bianchi, el hombre de la estatua.

A partir de hoy será otra historia. Alfaro ya no podrá hablar de Huracán ni de sus actitudes antes que de Boca. Anoche, Angelici y el secretario técnico Nicolás Burdisso trataron de protegerlo. Ambos les pidieron a los periodistas que no se hicieran preguntas sobre el Boca que vendrá, de las bajas y de los refuerzos, como si el entrenador tuviera que exorcizar viejas culpas. Pero los hinchas xeneizes querían escuchar eso: qué será del equipo que buscará el tricampeonato en la Superliga y que precisa olvidarse cuanto antes de la final perdida con River en la Copa Libertadores. En otros parámetros, Angelici necesita encarrilar un año electoral y Nicolás Burdisso sueña con confirmar todas las buenas referencias que su hermano, Guillermo, le sopló sobre Alfaro, su entrenador en Arsenal.


Angelici contrató a un director técnico políticamente correcto. Una de las primeras cosas que hizo Alfaro fue elogiar a su antecesor, Guillermo Barros Schelotto, y, pese a que no aun habló con los jugadores, decir que el duelo por la final perdida ante River ya estaba hecho. Jugada estratégica. Alfaro lo logró y llegó alto. No sabe si mañana vendrá a buscarlo Real Madrid. Pero no debe olvidarse de sus palabras: "Boca no tiene purgatorio, es cielo o infierno".


Fuente: La Nación