Jueves, 15 de Noviembre de 2018

Plaza Roja

La fórmula secreta para ganar el Mundial viene del espacio

Estampa de superhéroe. La de Yuri Gagarin, en el monumento de 42,5 metros que le rinde homenaje sobre la avenida Lenin. (Fotos de Juano Tesone/Enviado especial a Moscú)
© Clarín

Fue sólo conocida por el cosmonauta soviético Yuri Gagarin. Pero llegó el momento de activarla.

Ahora que la pelota del Mundial anduvo por la Estación Espacial Internacional, empecé a preguntarme cómo llegó el cosmonauta ruso Yuri Gagarin a un video de la FIFA que promociona la copa.

Busqué alguna pista que conectara a este hombre, el primer ser humano en viajar al espacio, con el fútbol, el más alucinante de los juegos terrenales.

En las filmaciones del despegue de su nave Vostok, el 12 de abril de 1961, no se ve nada extraño, ninguna pelota como la que ahora subieron a la Soyuz MS-08 con un astronauta ruso y dos americanos, algo imposible en aquellos tiempos de Guerra Fría.

Mientras descifraba el enigma, recordé cosas mundanas: el relator que se apiada de los pelotazos cuando dice que “la pelota se hace Luna”, la metáfora del “barrilete cósmico” para describir la jugada de Diego y la canción del Capitán Beto surcando los peligros con su banderín de River Plate.

Aún estaba lejos del secreto de Gagarin. ¿Por qué eligieron su mirada celeste como uno de los símbolos de Rusia 2018?

En un momento, se insinuó un dato: hasta poco antes de la partida, Gagarin era el suplente del cosmonauta titular, Germán Titov. Era el Sergio Goycoechea de la Argentina en Italia '90, cuando Nery Pumpido se lesionó y tuvo que cederle el puesto, justo contra los rusos, en el último mundial que ellos jugaron bajo la denominación de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Goycoechea terminó siendo el mejor arquero de esa copa. Y Gagarin fue admirado por todos los astronautas que lo sucedieron, incluso por Neil Armstrong, aquel norteamericano que entrenó en Islandia antes de ser el primer hombre en pisar la Luna. Armstrong fue comandante de la nave Apolo XI al mismo tiempo que socio 80.400 de Independiente.

Pero la clave que buscaba estaba en otra escena, que recién se dejó entrever en la escena de la cuenta regresiva de Yuri Gagarin hacia su leyenda.

Confirmado como navegante titular, para bronca de Titov, Gagarin se calzó el traje, se ajustó el casco y en ese momento apareció un agente vinculado a la misión y le dijo algo al oído. Era un código secreto, que sólo él podía saber, porque activaba los controles manuales de la nave si se perdía el contacto desde la Tierra. El hombre misterioso le repitió el código y se fue de allí. Y Gagarin lo murmuró dos veces antes de memorizarlo para siempre: “3-2-5”, “3-2-5”.

Y es ahí donde está la conexión total con el fútbol. Yuri no lo comentó ni siquiera con su esposa astronauta Valentina Tereshkova al volver, porque los códigos, tanto en el fútbol como en el espacio, están para ser respetados. Pero ahí estaba el secreto, que ni Tom Hanks en sus películas hubiera desentrañado.

Y sí, queridos futboleros, es eso que ustedes están pensando: el “3-2-5” que Gagarin nos trae desde el más allá no es otra cosa que el dibujo táctico que debe emplear el equipo que quiera ganar el Mundial. Línea de tres en la defensa, dos volantes tapones y el resto del equipo, a hacer goles. ¡Cinco delanteros, qué tanto!

Basta de esquemas mezquinos, de ensayos de última hora, los partidos, como los días comunes de la vida, tienen que plantearse con la ilusión de los que van al espacio.



Fuente: Clarín
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