Jueves 21 de Marzo de 2019

Verano 2019

Un viernes perfecto de sol y mil imágenes de la vida playera en Pinamar

Volvió el sol y los turistas a las playas de Pinamar. Foto: Andres D'Elia
© Clarín

Cielo despejado, temperatura ideal, nadie en el centro de la ciudad y las playas atiborradas de gente. Así está hoy uno de los principales destinos de la Costa.

Viernes 11 de Enero de 2019

Hay tránsito en la avenida de arena que corre paralela al mar pinamarense y pocos lugares para estacionar el auto. Hay muy pocas mesas ocupadas en los cafés del centro, sólo las que están a la sombra, sólo las de los que llegaron a pedir un tostado con premeditación y alevosía. Hay un reggae que sale de los parlantes de un bar de playa que tal vez soñaron algunos amigos en grupo y en el que dos cervezas y una porción de papas fritas cuesta 350 pesos. Hay, por primera vez en varios días, un cielo despejado que disipa las dudas: este viernes, en la Costa Atlántica, es el verano.

Así que hay una chica uniformada para trabajar en una heladería que espera su turno con los pies en la arena y una novela histórica en las manos. Hay un mozo que se sentó cerca de la orilla, se desabrochó el moñito y llama a su familia: vino a hacer temporada desde Salta, se le nota en el tatuaje del club Juventud Antoniana que se asoma por la camisa arremangada.

Como es verano y es la Costa Atlántica -y es un verano que se hace desear y que no se compromete con nadie-, hay alta demanda de choclos con manteca y sal en los puestos ambulantes que los cobran 70 pesos, y hay medio litro de agua a 90, y habrá churros esta tarde, si se cumple lo pronosticado por las aplicaciones del celular.

En Mar del Plata, que anoche tuvo su madrugada más fría en lo que va del año y donde la sensación térmica este lunes llegó a bajar a los 4 grados, pasa lo mismo: desde temprano llegan turistas a la orilla. Para los próximos días, el pronóstico les promete temperaturas máximas de hasta 28 grados y mínimas que no bajan de 15, y este viernes es la primera muestra de esa recuperación.

Pero el calor no es tanto aún, por eso hay pocos turistas metidos en el mar tanto en Mar del Plata como en Pinamar. La temperatura oscila entre los 18 y 20 grados y el agua es la del Mar Argentino. Así que, aunque el viento es suave, sólo una minoría elige el chapuzón. Algunos con tablas para barrenar, uno con patas de rana, un tío que se puso el clan familiar al hombro y se mete con cuatro sobrinos, y un nene que acaba de gritar “¿cómo que quedan dos días de vacaciones?” en la ronda de reposeras de los suyos y opta por amortizar.

Hay, a la misma hora y con la conciencia de que este verano parece un recurso natural escaso, un amontonamiento de las actividades playeras que suelen distribuirse durante toda la jornada. Al menos diez partidos de tejo en lo que duran cuatro balnearios, algunos menos de paleta, incipientes picados cerca de la orilla y un pre-adolescente que espera que le digan “dale, entrá” al costado de una canchita de beach-volley. Rondas de mate a la misma hora en la que una pareja mira el menú de comidas del parador para pedir alguna minuta a la carpa, y una mamá que llega con pollo y papas compradas en una rotisería. Pagó 350 pesos para cuatro comensales.

Hay sombrillas de todos los colores y filas familiares para ponerse protector solar. Una mujer lee una revista de chimentos, otra lee las páginas de política de un diario, y un señor ya va por las de policiales. Una mujer que ya pasó los setenta ejercita sus brazos sentada en la reposera sobre la arena mojada. Por esa misma arena van y vienen runners y aguas vivas, que el mar mete y saca de la orilla.

En esa misma arena un chico de 11 posa hasta que su mamá le saque la mejor foto para Instagram, un hermano mayor discute con el más chiquito porque se cruzó en la improvisada cancha de fútbol-tenis, dos amigos caminan y fuman marihuana, varias parejas hablan y se besan y hablan y se besan, y un señor lamenta las expensas extraordinarias que recibió por mail.

Se ve ese paisaje de los buenos días cerca del Mar Argentino: en el horizonte no se distinguen las siluetas de los turistas. Es como un enjambre de gente que se acumuló en la arena para hacer valer su día de vacaciones. Y por eso, porque los días así son figurita difícil este verano, nadie se ahorra mandar, casi como un documento probatorio, la selfie con el mar de fondo y el cielo celeste y la sonrisa de la puta que vale la pena estar vivo.

Hay sol.



Fuente: Clarín
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