Martes 18 de Junio de 2019

Opinión

Para Hollywood, los latinos sólo son narcotraficantes

Tanto en películas y series de televisión, los actores latinos generalmente quedan estereotipados como miembros de carteles narco. Benicio Del Toro en el film “Sicario: Day of the Soldado” de 2018 (Richard Foreman Jr./Sony Pictures via Associated Press).
© Clarín
Viernes 11 de Enero de 2019

No dejan de llegar. Armados con réplicas de armas automáticas que disparan balas de salva, litros de sangre falsa y acentos mexicanos que dejan mucho qué desear, los cárteles de la droga están cruzando la frontera indefensa de Estados Unidos y llegando a las salas de cine y transmisiones vía streaming.

Estos villanos de la pantalla torturan a sus enemigos, matan a estadounidenses buenos y podrían hacer su aparición en cualquier lado. El año pasado, en “Sicario: día del soldado”, uno de los al menos seis filmes en los que el gran Benicio Del Toro lucha con capos latinoamericanos, o él mismo interpreta a uno, fueron vinculados al ataque con bomba en un supermercado en Kansas City, Missouri.

El operario de cártel —así sea un capo, sicario o narcominorista de poca monta— se ha convertido en la imagen dominante de la gente latina en la televisión y el cine estadounidense. También es la imagen dominante de los latinos en el discurso del presidente de EE.UU..

Para los próximos eventos de adelanto de programas de las cadenas televisivas, o la temporada veraniega de films de gran presupuesto, los narcotraficantes latinos podrían superar a sus mayores rivales —los terroristas jihadistas y los mafiosos rusos— y convertirse en los villanos más destacados en las pantallas estadounidenses.

Los diálogos y las imágenes de los films sobre cárteles asocian una y otra vez la identidad latina con una maldad pura e inherente. Es momento de que Hollywood se pregunte: ¿qué mensaje se está enviando al público estadounidense al pedir que los actores latinos de ese país escenifiquen una ejecución tras otra? ¿Y acaso no se está volviendo un poco trillado y predecible?

La calidad de estos dramas, hablando exclusivamente en términos artísticos, varía mucho: desde la serie de televisión ganadora del Emmy, “Breaking Bad”, y la comedia fílmica no tan celebrada de 2013, “¿Quién *&$%! son los Miller?”, hasta la duramente criticada “Matar o Morir”, del año pasado, y la generalmente bien recibida “The Mule”, de Clint Eastwood.

No obstante, repiten los mismos clichés: pandilleros latinos haciendo muecas para intimidar a gente blanca confundida; una reunión secreta en una hacienda mexicana, con tequila y latinas en bikinis como atractivo visual junto a la piscina.

“Se ha convertido en un género”, comentó Del Toro a The Guardian, en junio. En cuanto a las películas sobre el narco, “se están convirtiendo en los nuevos Westerns”, dijo.

Desafortunadamente, este nuevo género no pretende retratar sucesos del pasado de EE.UU., sino más bien una presunta amenaza real en el aquí y ahora. A fines de diciembre, el presidente Donald J. Trump cerró partes del gobierno a raíz del muro fronterizo que quiere construir para mantener fuera a los inmigrantes que afirma son criminales que trafican droga.

No ha dejado de hacer declaraciones falsas y distorsionadas sobre los peligros planteados por los inmigrantes latinos. Todo este tiempo, Hollywood ha estado inventando tramas que venden la imagen de latinos infractores como una amenaza a la paz y seguridad de Estados Unidos.

En la odiosa película de 2018 “Matar o morir”, Jennifer Garner es la estrella de una fantasía trumpiana. Como madre de familia suburbana cuyo marido e hija son asesinados por narcotraficantes latinos, se transforma en un ejército justiciero de una sola mujer, abatiendo a un grupo de sicarios latinos y destruyendo una bodega de piñatas que hace las veces de la guarida secreta de un capo.

The New Yorker lo llamó “un film racista que refleja el tipo actual de políticas antiinmigrantes y su enfoque paranoico en la MS-13”.

Como los narcotraficantes en “Matar o morir”, los malos en ls películas sobre la guerra de las drogas en Latinoamérica con frecuencia son una mezcolanza de tropos y estereotipos.

La nueva serie de Netflix, “Narcos: México”, presenta una actuación excelente y matizada de Diego Luna como un hombre inteligente, emprendedor y con defectos profundos.

Pero al ver a Luna construir su “imperio”, añoré ver a un actor latino interpretando un importante papel hollywoodense sin verlo dejar a su paso el rastro usual de cocaína y cabezas decapitadas.

Los villanos en las películas de narcos siempre son hiperemprendedores despiadados, y en “The Mule” le advierten al personaje de Eastwood, “somos tus dueños”. En “The Mule”, al igual que en un sinfín de largometrajes de menor calidad, los estereotipos latinos se convierten en símbolos de la impotencia de un hombre blanco y sus deseos incontrolados.

Mientras tanto, en la vida real, los latinos escenifican sus propias debilidades humanas, y tratan de construir sus propios imperios privados, en campos que no involucran la actividad criminal.

Son gerentes del Walmart local, estudian Derecho, se divorcian, asisten a convenciones de cosplay y hacen todo tipo de cosas que los espectadores raras veces los ven haciendo en la televisión y el cine convencional de EE.UU..

La historia dominante entre los más de 57 millones de latinos en EE.UU. ya no es la guerra contra las drogas: es la desigualdad, la ambición inmigrante y las heridas provocadas por la separación de familias extendidas. Estos temas esperan un tratamiento tan virtuoso como “Petróleo sangriento”, o tan inteligente y mordaz como “¡Huye!”.

Querido ejecutivo o ejecutiva de estudio, en vez de otro film con tatuajes falsos y acentos forzados, considere invertir en talento nuevo y aprobar un proyecto latino importante e inteligente.

Insista en calidad y complejidad en las tramas sobre latinos que presenta en la pantalla, e incluso podría lucir como un genio a medida que explota una verdadera epopeya estadounidense más cautivadora que cualquier conspiración de cártel de la droga.



Fuente: Clarín
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