Martes 22 de Enero de 2019
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En Paraguay

Asesinar como estrategia judicial

Un récord de 63.000 personas fueron asesinadas en 2017 en Brasil a medida que la violencia del narcotráfico se extiende. Traficantes en Río de Janeiro. (Dado Galdieri para The New York Times)
© Clarín
Viernes 11 de Enero de 2019

ASUNCIÓN, Paraguay — Antes de que me dejaran ingresar a la celda de un capo de las drogas tristemente célebre en una cárcel paraguaya, me preparé psicológicamente para un revisión corporal invasiva. Pero el guardia parado afuera de las rejas apenas me tocó.

Estaba en la prisión para entrevistar a Marcelo Pinheiro Veiga, que había recurrido a una audaz táctica para evitar ser extraditado a Brasil, su país natal: confesó una letanía de crímenes cometidos en Paraguay.

Entré a la pequeña celda y me senté a menos de un metro de distancia de Veiga.

“Paraguay es la tierra de la impunidad”, me dijo tras describir una larga carrera criminal que lo llevó a convertirse en uno de los principales traficantes de armas y drogas de Paraguay a Brasil.

Horas más tarde, era difícil no interpretar esas palabras como el presagio de un baño de sangre.

Poco después de que saliera de la celda de Veiga el 17 de noviembre, Lidia Meza Burgos, de 18 años, fue llevada adentro, señalaron oficiales de policía paraguayos. Con el cuchillo simple que usaba para comer, Veiga la apuñaló 17 veces en el cuello, el torso y la espalda, matándola.

Los funcionarios creen que el asesinato fue una macabra escalada del intento del traficante por quedarse en su custodia y evitar las condiciones de detención más severas que enfrentaría en Brasil.

Desde ese día, he pasado muchas horas volviendo a escuchar partes de mi conversación con Veiga en busca de alguna señal de lo que iba a suceder.

Veiga, de 43 años, dijo que incursionó en el crimen en Río de Janeiro a mediados de los años 90, cuando un grupo de vecinos lo invitó a acompañarlo para robar autos.

“Quería aventura”, afirmó, aclarando que a su familia nunca le faltó nada.

La aventura le duró poco. Fue enviado a prisión en 1997 y sentenciado a 26 años tras ser hallado culpable de robo a mano armada y otros delitos.

Junto a asesinos convictos, concluyó rápidamente que sobrevivir en la cárcel requería forjar alianzas estratégicas.

“Yo era un simple ladrón de autos”, dijo. “Tenía que asumir una postura que mostrara que no era débil”.

Eso significaba forjar vínculos con algunos de los fundadores de Comando Vermelho, o Comando Rojo, la organización de narcotráfico que controla gran parte del mercado en Río de Janeiro.

Tras cumplir una década de su sentencia, Veiga fue elegible para breves salidas de la cárcel. Huyó en la primera oportunidad en 2007.

Las relaciones que hizo en la prisión allanaron el camino para que asumiera una serie de roles de liderazgo en los bastiones del Comando Rojo. En 2012, cuando las autoridades hacían avances en un ambicioso plan para restaurar el control estatal en áreas de Río de Janeiro dirigidas durante mucho tiempo por narcotraficantes, Veiga se sintió expuesto y decidió que era hora de dar un paso importante.

“Vine a Paraguay”, comentó, su “única opción”.

Durante gran parte de su tiempo allí, Paraguay fue el país de las maravillas para un criminal, dijo Veiga. Los sobornos a oficiales de Policía de alto nivel eran generalizados.

Indicó que le pagó a un alto oficial de policía 100 mil dólares como anticipo para establecer confianza. El mismo oficial recibía 5 mil dólares al mes; sus su­balternos cobraban 2 mil dólares.

A cambio, a Veiga le avisaban cuando las autoridades estaban a punto de capturarlo, permitiéndole mantenerse siempre a un paso adelante mientras organizaba embarques de cocaína y armas a través de la frontera.

Pero después de que la Agencia Antidrogas estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés) compartiera su paradero con altos funcionarios en Paraguay, fue arrestado en diciembre de 2017.

Veiga describió sus hazañas con un orgullo notable. Le pregunté si sentía alguna responsabilidad por la violencia que atormenta a Brasil, donde un récord de 63 mil personas fueron asesinadas en 2017. “La muerte no me causa satisfacción. Pero lamentablemente en esta guerra, esas cosas pasan”, expresó.

Poco después de que abandonara la cárcel, llegó Meza.

Veiga la había contactado por primera vez unas semanas antes al accesar un sitio web paraguayo con anuncios de prostitutas, de acuerdo con Hugo Volpe, uno de los fiscales que investigan el asesinato. Para atraer a Meza, Veiga ofreció pagarle unos 200 dólares, señaló el fiscal.

Volpe indicó que el ataque mortal fue claramente motivado por el deseo de retrasar su extradición a Brasil. Pero unas horas tras el asesinato, Veiga fue enviado en avión a Brasil para enfrentar el resto de su pena de 26 años, y los fiscales paraguayos están armando un caso que esperan permita que sus homólogos brasileños lo encuentren culpable del asesinato de Meza.



Fuente: Clarín
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