Miércoles 26 de Junio de 2019

Memorias de Siria

Entrevista con Domenico Quirico: “El mundo está lleno de maldad”

Fotografía facilitada por la Agencia de noticias siria SANA que muestra humo que emana de la Torre Damasco en la zona de al-Marjeh en Damasco (Siria) después del impacto de un proyectil lanzado por militantes atrincherados en el sur de Damasco, el 9 de mayo de 2018. EFE
© Clarín

Charla con el autor de un testimonio en el que narra su secuestro en manos de ISIS cuando era corresponsal en Siria.

Miércoles 2 de Enero de 2019

El periodista y escritor Domenico Quirico no tiene miedo de ser incorrecto. Después de estar cinco meses secuestrado en Siria durante 2013 por una milicia islámica que luchaba contra la dictadura de Bashar al Assad, sostiene que la corrección política que domina el escenario del periodismo internacional no permite ver los problemas que emanan de Medio Oriente. Reconocido corresponsal de guerra del diario italiano La Stampa, es autor de diez libros, incluido El país del mal y El gran Califato que cuentan su experiencia como cautivo. Quirico continúa desarrollando –a los 66 años y con una vitalidad admirable como lo demuestra su reciente estadía en Libia– un oficio que él mismo dictamina como “una especie de largo viaje al mal”. Fue entrevistado en el contexto de su reciente visita a la Argentina para participar en el festival de no ficción Basado en Hechos Reales.

–¿Por qué considera que el periodismo es la historia del dolor?

–El mundo está lleno de maldad. Vaya a adonde vaya, algo siempre me lo recuerda. ¿Qué cubre el periodismo? ¿Noticias alegres o miserias y dolor humano? Y lo digo yo, que estuve en todas las planas internacionales por mi secuestro. El dolor termina por ser el significante del mundo, por lo tanto, el periodismo, ayer y hoy, es la historia del dolor. Es cierto que el periodismo está cambiando: la escritura ya no funciona con el poder de antes; pero yo sigo trabajando con el dolor humano. El periodismo puede ser la vida de los otros, pero específicamente es la de sus sufrimientos.

–¿La obsesión es una buena consejera para el periodista?

–No quiero ser un devoto del periodismo, vivir sólo para ver miseria mientras estoy rodeado de un desierto de tragedias. Quizá se pueda ser un buen periodista si solo se tiene una rica vida interior, independientemente de las historias que uno deba contar, si no, uno se aleja de la realidad y vive solo ahí. Yo no quiero eso. La obsesión nunca es una buena consejera y no me gustan los periodistas obsesionados con su trabajo; yo no estoy obsesionado con nada. Incluso no estoy obsesionado con mi secuestro a pesar de haber escrito un libro acerca de este suceso. La obsesión me parece una palabra muy grande.

–Usted ha dicho que Occidente no ha logrado comprender al Islam y el yihadismo actual por una suerte de corrección política. ¿Eso significa que nosotros no queremos o no podemos entenderlos?

–Primero, es conveniente decir que hay muchos Occidentes pero que para cada uno de ellos la preocupación principal es el dinero. El problema de Occidente es que no entiende a los radicales islámicos ya que tampoco entiende al Islam, lo analiza desde la pregunta occidental que básicamente es “¿quién lo financia?”. Si bien hay 600 millones de musulmanes y es muy diverso, hay un solo Islam y no es una religión moderada, es una religión totalitaria, combatiente. La idea actual de la recreación del Califato no es nueva, es la búsqueda principal de un creyente que considera al Califa como el vicario de Mahoma en la tierra. Muchos consideran que hoy pueden no estar dadas las condiciones, pero ningún creyente musulmán puede negar cuál es el propósito ulterior de su religión. Es una tontería pensar que los seguidores del Estado Islámico no son musulmanes.

– ¿No existen los moderados en el Islam?

–No creo que el Islam esté destinado a reformarse. Esa es una mirada muy cristiana. A ver, los radicales islámicos son una minoría dentro de la población musulmana del mundo, pero son una minoría activa que influye y dicta agenda. Esas minorías persiguen a las mayorías y secuestran a esas sociedades. Es complicado hablar de “minorías” aquí. Los nazis eran una minoría en comparación con los alemanes y gobernaron gran parte de Europa hasta 1945. Los bolcheviques fueron en un momento un grupo pequeño, minúsculo, pero dominaron Rusia y una parte del mundo por casi un siglo. ¿Alguna vez conociste a un bolchevique moderado? El concepto de “minoría” es tramposo, ya que hay minorías determinadas con planes precisos y están mejor preparadas para la disputa por el poder que las mayorías poco entusiastas. El totalitarismo es la consecuencia de esta relación entre una minoría y una mayoría. La mayor parte de los musulmanes no piensa que los yihadistas desaparecerán.

–¿Europa comprende esta dicotomía?

–Europa de ninguna manera ha comprendido el terrorismo del Estado Islámico que sigue, perfeccionado, la línea del Al Qaeda. No es igual al terrorismo de las Brigadas Rojas u otro grupo similar. El mensaje de un grupo como el Estado Islámico es un fenómeno nuevo en comparación con el pasado, cuando el terrorismo apuntaba a asustar a la gente. Hoy, el objetivo de estas ejecuciones aterradoras, en cámara blandiendo un cuchillo y amenazando a Obama o Trump, no son los occidentales, sino los mismos musulmanes. El mensaje es que el Califato es tan poderoso que puede acabar con aquellos que antes eran los amos del mundo, capaz de ejecutar y castigar a los infieles: los estadounidenses, los británicos, los japoneses. Es la intención de mostrar un cambio de balance, mover la aguja en el equilibrio de fuerzas en el mundo. Este es el mensaje y es una especie de ingenuidad de los occidentales pensar que somos el objetivo: no lo somos. A ninguno de estos terroristas les importa lo que pensamos de ellos.

–Este “mensaje” que usted describe ¿es el mismo que hizo que miles de europeos musulmanes viajaran desde sus países hacia Siria e Irak para luchar junto al Estado Islámico?

–Hay que pensar una cosa: la esperanza de vida de un europeo que llega a ese territorio es mínima, no sé si alguna vez se ha calculado, pero no supera el año, como mucho. Ahora, ¿usted cree que ellos solo viajan hasta allí por un sueldo revolucionario y una esposa virgen? No, el Estado Islámico revolucionó todo y la consecuencia de sus acciones se verán recién en el futuro. Controlaron territorio por muchos años, lo administraron y lograron crear miles de focos alrededor del mundo, desde Asia hasta África y aún más allá. Muchos musulmanes de Europa desarrollaron una ideología basada en la constante humillación –real e irreal– y el mensaje de los radicales es “nosotros estamos cambiando nuestro destino, acompáñanos”.

–¿Usted cree que los líderes occidentales fallaron al no acompañar el surgimiento de fuerzas más democráticas en Medio Oriente como las de la llamada Primavera Árabe?

–Creo que nuestras sociedades leyeron mal la Primavera Árabe. Los jóvenes que la iniciaron quedaron rápidamente tapados y superados por extremistas que vieron la oportunidad perfecta para penetrar como una bacteria dentro de la revolución. La idea fue similar a la empleada por el islamismo político en la Argelia de los años 90 o en Egipto por la Hermandad Musulmana. Siempre el argumento es “purificar la sociedad”. Vuelvo al tema de los moderados en el Islam, ¿quiénes son? ¿Los kurdos que aniquilaron a un millón de armenios a principios del siglo XX, los chiítas de Irán que exportaron su terror, dictadores seculares o los reyes sauditas, que han exportado toda clase de terrorismo alrededor del mundo?. El Islam vive en el pasado. Mira hacia allí pues eran los mejores en ese tiempo, los más modernos, comandaban el mundo y su idea se basa en la búsqueda de volver al esplendor y el éxito del pasado: en buscar “la reconquista de la perfección”.

E. Kopel es periodista especializado en Oriente Medio, autor de La disputa por el control de Medio Oriente. Desde la caída del Imperio Otomano hasta el surgimiento del Estado Islámico, publicado por el sello EDUVIM.



Fuente: Clarín
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