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La historia del entrenador apátrida que guió a los niños a la cueva de Tailandia y creyó que lo repudiarían, pero sólo cosecha elogios

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El único adulto del grupo logró mantener la calma de los menores, principalmente durante los nueve largos días en los que no tuvieron contacto con el exterior y no estaban seguros si es que los estaban buscando. Ahora busca tener una nacionalidad

"Gracias por todo el apoyo moral, pido perdón a todos los padres", escribió Ekkapol Chantawong en carta enviada cuando todavía estaban atrapados en la cueva tailandesa. El sentimiento de culpabilidad era gigante y las críticas desde el exterior no cesaban. Luego del exitoso rescate, el entrenador del equipo es ahora elogiado por su capacidad de mantener la tranquilidad del grupo de niños mientras no sabían si podrían escapar del encierro.

El asistente de 26 años, también llamado Ake, nació en Birmania, se quedó huérfano de padre y madre siendo muy joven y se trasladó a vivir con su abuela. Antes de ser entrenador pasó varios años en el monacato budista, experiencia clave para transmitir serenidad a los "Jabalíes salvajes".

El único adulto del grupo logró mantener la calma de los menores, principalmente durante los nueve largos días en los que no tuvieron contacto con el exterior y no tenían la certeza de que estaban siendo buscados. El hambre y la oscuridad ennegrecían los ánimos y la situación podría haberse descontrolado. Pero cuando llegaron los buzos, encontraron un grupo tranquilo y unido.

Mientras esperaba y observaba cómo los menores eran evacuados en tres grupos, en la superficie eran varias las personas que lo defendían, describiéndolo como modesto, devoto y trabajador. Los parientes no lo señalaron en la carta que le enviaron: "De parte de todos los familiares, por favor cuida a los niños. No te culpes", le escribieron el pasado sábado. Él juró que les ofrecía "el mejor cuidado posible".

Sus palabras conmovieron a la comunidad tailandesa, grupo al cual Ake no pertenece oficialmente. En el país habitan casi medio millón de personas que no cuentan con un estado, cuya mayoría proviene de la zona de Mae Sai, cerca a la frontera con Myanmar, Laos y China. En la misma situación están tres de los jóvenes que estaban en la cueva.

"Lograr la nacionalidad es una de las mayores esperanzas para los chicos. En el pasado, han tenido problemas para viajar a partidos fuera de la región", explicó el presidente del club, Nopparat Khanthavong. Sin pasaportes, difícilmente puedan aceptar las invitaciones que han recibido, como de la FIFA o del Manchester United.

"Tampoco pueden ser futbolistas profesionales sin el estatus correcto", añadió, pero confía en que la situación cambiará, incluso a nivel de una política general que no solo refiera a sus casos.

Por ahora, todavía resta conocer el testimonio del entrenador, quien pertenece a la etnia Tai Lue. Ake estaba en camino a convertirse en monje cuando debió dejar ese camino para cuidar de su abuela. Posteriormente, se convirtió en entrenador de los Jabalíes Salvajes.

Según contó un monje con el que compartió habitación en el monasterio, el joven gusta de la meditación y las caminatas. "Íbamos a la selva y siempre traía comida como para un par de días", recordó Ekkapol Chutinaro.

Como profesor, fue llamado generoso y paciente con sus jugadores, incluso los menos talentosos. Tener la nacionalidad le permitiría completar sus estudios y ganar un título como técnico de fútbol.

(Con información de AFP)

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Fuente: Infobae