Miércoles, 19 de Septiembre de 2018

Flor de la V habla de su madre y comparte la única foto que conserva: "La primera vez que me enfrente a un espejo maquillada, la vi a ella"

A 20 años del nacimiento de Flor de la V y punto de lanzar su línea de ropa -que cosió con la maquina de su mamá fallecida cuando ella tenía dos años por un aborto clandestino- cuenta cómo la marco su ausencia y la dice "yo estoy viva por mamá".

A 20 años del nacimiento de Flor de la V –la que pisara por primera vez el escenario del Tabaris el 6 de mayo de 1998–, Florencia Trinidad (43) –"madura, valiente y más comprometida"– habla con orgullo: "Construyendo mi propia identidad, fui parte importante en la construcción de la identidad social de este país".

A golpes de "homofobia solapada de humor" –que admite equivocadamente haber aceptado alguna vez casi como tasa de embarque a la fama– se hizo lugar como artista, erigió su DNI femenino (2011), se casó y anunció el nacimiento de sus hijos, Paul e Isabella (6).

"Son logros personales, pero con tal visibilidad que resultaron pequeños pasos de todos hacia la igualdad. Finalmente, me di cuenta de la fuerza de mi voz. Y hoy la alzo más que nunca".

Convencida de que a la lista de leyes alcanzadas –como la de Identidad de Género y Matrimonio Igualitario– se sumará la del Aborto Legal, Seguro y Gratuito, se ata un pañuelo verde "en otra lucha visceral que atraviesa mi propia historia". Su mamá, Sabina Báez"una costurera misionera que jamás pudo disfrutar de la vida"–, murió en 1977 a causa de un aborto clandestino.

–Revisando la línea de tu vida –y hasta con el uso de su propia máquina de coser para dar inicio a tu propia línea de ropa–, pareciera que cada uno de tus pasos tiene como fin mantener viva a Sabina.

–Creo que, por el contrario, yo estoy viva por mamá. La primera vez que me enfrenté a un espejo maquillada, la vi a ella. No hubo noche de mi vida en la que no le hablase, le pidiera consejos. Y hasta hoy mismo, mi modo de ser madre tiene que ver con cómo imagino, o quiero imaginar, que ella hubiese sido conmigo.

–¿El "yo estoy viva por mamá" es metafórico?

–La búsqueda de la identidad es muy dolorosa, y mucho más sin información. A los cuatro años, cuando me vestía de mujer, sentía una sensación de comodidad inigualable, pero sabía que luego vendrían los retos de las maestras y los golpes de un papá que no entendía ni aceptaba. Tuve que aprender a desdoblarte desde muy chica. Tal es así que, por aquel entonces, papá me sorprendió probándome un tapado de piel e instintivamente me salió decir: "Grrr…¡soy un oso!". Me crié sola, a la deriva y como pude, creando microclimas que me contuviesen aunque sea por un rato al día. Y en la adolescencia, una noche, cuando mi cabeza explotaba de prejuicios y los "¡así no vas a llegar a nada!", me encerré en mi cuarto y tuve los pensamientos más oscuros: deseé morir con todas mi fuerzas. En ese momento sentí a mamá. No sé cómo describirlo, fue un lapsus de claridad, me hizo creer. Al día siguiente dije: "En casa de papá nunca voy a vivir como siento". Yo, que hasta ese momento veía un policía y me hacía pis encima, por primera vez salía usando corpiño a plena luz del día y con el viento en la cara. Era Kate Winslet en la proa del Titanic. Valiente, libre y empoderada. Esa sensación es una de las razones por la que hoy milito en el colectivo LGTB: para que ningún otro chico gay sufra en silencio o deba crecer escuchando, en la mesa de una comida familiar: "si tuviese un hijo puto lo mato" . Por eso hoy pongo tanta atención en las palabras que uso frente a mis hijos. Nunca se sabe cuando serán un arma para ellos.

–¿Cuánto tiempo ignoraste la causa de su muerte?

Al cumplir los 13 años, mi tía Blanca –hermana de mamá–, me contó la verdad. No sé si por lo traumático que pudo haber resultado, archivé ese relato en mi cabeza. Recién en 2002 (a sus 27), hablando de eso en terapia, mi psicólogo me dijo: "¿No cree que es tiempo de preguntarle a su papá?". Al salir del consultorio lo llame. Ni "buenas noches", le dije. Y me lo confirmó. Fue un gran shock para mi. Durante mucho tiempo me costó perdonar a mamá. La hice culpable de su decisión. Sentí vergüenza y hasta bronca por el modo en el que nos había dejado a mi hermano (Julio César, 45) y a mi. ¡Por querer matar un bebé! Con decirte que estoy escribiendo un libro de mi vida y fue un capítulo que obvié… Tal vez por eso di tantas versiones (enfermedad terminal y mala praxis, entre otras) cada vez que me preguntaban.

–¿Qué determinó tu indulgencia?

El debate nacional (sobre la legalización del aborto). Con información, la perspectiva que había tenido durante 30 años, cambió drásticamente. Mamá había sido víctima de un sistema perverso. El estado femicida que la abandonó, también me la estaba quitando. Me faltó toda la vida, y nadie escucha la voz de quienes quedan. La necesité en cada cumpleaños, en cada merienda, en cada Navidad. No pudo aplaudirme en un acto escolar ni cuando logré mi identidad femenina.

–¿Indagaste en los motivos de su decisión?

–Mamá llegó a Buenos Aires, solita, con quince años y muchísimas expectativas de "la gran ciudad". Conoció a papá, y enseguida nacimos mi hermano y yo. Los motivos de su decisión son tan duros como personales. Pero hubo presiones y una situación económica muy precaria. Hace tiempo –y mucho más después de haber sido mamá– que tengo pesadillas sobre su muerte, tan lenta y espantosa. Porque más doloroso que sentir desangrarse, habrá sido estar consciente de qué sería de sus dos hijos (de 2 y 3 años), de los que se había despedido horas antes… Por eso los senadores hoy tienen en sus manos hacer historia, con empatía, con compasión, por tantas familias como la mía. Deben entender que una mujer decidida o arrastrada al aborto por cualquiera sea el motivo o razón, siempre lo hará. Por eso, debemos entender que el debate es: ¿legal o clandestino?

"Siento que mamá fue un eslabón perdido en mi historia", dice Florencia. "Y la busqué a lo largo de toda mi vida. Creo que la mujer que soy hoy, tiene mucho que ver con eso". Y el sonido de aquella vieja Singer, con la que Sabina cosía "y que fue la música de mi gestación"– siempre las acercó. "Enhebré esa misma máquina a los seis años, casi como un impulso irracional, y así cosí por primera vez", recuerda.

Hoy, fue nombrada embajadora de Brother –firma de máquinas de coser eléctricas– y se prepara para la lanzar su propia línea de ropa.

–Entonces, la historia de mamá se refrenda por completo…

–Está en mi ADN. De otro modo, ¿cómo explicaría esta pasión? ¡Yo crecí en un monoblock, sin saber qué era una Vanity Fair o una Vogue! Desarrollé esta habilidad a ojo. Jorge (Ibañez), mi hermano del alma, me decía: "¿Cuándo vas sacar tu marca?" "Algún día, algún día…", le decía yo. Y cuando se fue, relegué este aspecto tan ligado a él. Y el verano pasado, en Carlos Paz, el festejo de año nuevo me sorprendió con un solo vestido. Entré en una sedería, compré género. En otro local conseguí una cadena. Y me hice el modelo tan elogiado, que lo usé en la fiesta de GENTE. La fantasía se convertía en juego, porque la moda es eso para mi: un juego. Y aquí estoy, preparando el lanzamiento de mi primera colección, "Libertad" ¿Si me irá bien? No lo sé. Pero, una vez más, salgo a pasarela con el orgullo de otro genuino "sí se puede" en mi historia.

Por Sebastián Soldano

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Fuente: Infobae